OBSTINACIÓN.

Pertinacia, porfía, terquedad son, probablemente, calificativos que rondan alrededor del estilo de gobierno actual; Permítanme ofrecerle algunos datos:

·        Este pasado 2 de Enero, se publicó en el Diario Oficial la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública que, entre otras cosas, define quién encabezará el Consejo Nacional. Durante el proceso de discusión de dicha ley, los legisladores consideraron que el titular de Seguridad Pública, no debería encabezar dicho Consejo, así fue que se decidió que fuese el Ejecutivo Federal, enviando un claro mensaje de repudio al Secretario de Seguridad Pública, por los múltiples señalamientos en su contra de probable colusión con el crimen; solamente la obstinación justifica que el Ejecutivo Federal mantenga al Secretario, desoyendo la clara señal que el Legislativo le ha enviado.

·        En respuesta a la solicitud de varios ciudadanos, a través del IFAI, la Gerencia Corporativa de Comunicación Social de Pemex informó que la paraestatal gastó, hasta el 25 de noviembre, 352 millones 571 mil 837 pesos más IVA en la campaña publicitaria del “tesorito del fondo del mar” (Fuente: Diario Reforma). Nuevamente, la obstinación provocó que los únicos beneficiarios inmediatos de la reforma petrolera fueran: Televisa (138 millones de pesos) y TV Azteca (72 millones). Los Indiana Jones del tesorito del fondo del mar tendrán que esperar.

Sin embargo, la terquedad no es exclusiva del Ejecutivo, el grupo parlamentario del PAN en el Senado (Otrora paladines de la libre empresa) impulsa hoy una reforma a la Ley Federal de Seguridad Privada, con el propósito de incrementar los requisitos de calidad, profesionalización y operación para las empresas que prestan esos servicios; ¡Obstinación!, no podría llamarse de otro modo a la vieja y probadamente fracasada intención de lograr mejoras en la calidad de los servicios, a través de procesos gubernamentales regulatorios (recaudatorios en el fondo), después de que durante ya casi catorce años, hemos atestiguado su ineficacia e ineficiencia:

·        La autoridad ha sido incapaz de detener la proliferación de empresas “irregulares” (y como dijo don Teofilito…).

·        Por efectos de dicha proliferación, la oferta de servicios ha sufrido un fuerte incremento, los precios se han reducido en consecuencia.

·        Los registros o permisos de las autoridades de seguridad pública no certifican nada; igual los exhiben empresas con servicios de apreciable calidad que otras de pésimo talante; No agregan valor alguno para los clientes ni para los empresarios de seguridad privada.

·        Los costos asociados a la gestión de los registros o permisos solamente están impactando los costos operacionales de las empresas “regulares”.

Persistente y obstinadamente los hechos se han encargado de demostrar que la calidad no se logra por decreto, que no es un asunto del Estado, que es un natural asunto de Mercado.

Hoy, la industria de la seguridad privada centra su visión en desarrollar normas de competencia laboral que permitan certificar que el personal involucrado en sus productos y servicios tenga las habilidades requeridas por los clientes. Dichos requisitos se integran en estándares de desempeño medibles, mediante procesos de evaluación objetivos y confiables. Desde guardias hasta consultores de seguridad serán certificados por una infraestructura, que asegure la transparencia de las evaluaciones, constituida por Centros de Evaluación, Organismos certificadores, Evaluadores y Capacitadores también certificados. Esto, seguramente, aportará mucho más a la calidad de los servicios que las onerosas regulaciones.

Si las nuevas regulaciones planteadas por los legisladores pretenden asegurar la honestidad de los empleados de la seguridad privada, y los métodos aplicables fueran los mismos utilizados en la seguridad pública, entonces estaríamos fritos, pues, además de caros, han demostrado fehacientemente su ineficacia. Si fuera posible detectar la honestidad, mediante cualquier tipo de prueba, bien nos habría venido su aplicación a los especuladores que ocasionaron la actual crisis financiera global (“especuleros”) o, por lo menos, a algunos funcionarios que nos metieron en esta crisis de confianza en la seguridad pública. Como tal cosa aún no es científicamente posible, dicen en mi pueblo, “¿Pa´qué les buscamos chichis a las gallinas?”.

La deshonestidad, y eso lo saben bien nuestros políticos, se cuela por los espacios de opacidad y se combate con transparencia y supervisión; En el Ejército tienen una sabia frase:

“Orden dada (Norma promulgada) y no supervisada, se la lleva la…”

Y, finalmente, hay que recalcarlo: ¡Obstinación!, también, la de aquellos empresarios que siguen creyendo que mediante el endurecimiento de los trámites podrán desaparecer a las empresas “irregulares” que les compiten; hasta hoy, el efecto ha probado ser contrario.

Más leyes y/o requisitos regulatorios, solamente originarán más cortadas de papel; el mejoramiento e independencia de la supervisión de la conformidad con normas empresariales voluntarias, encaminadas a satisfacer los requisitos del mercado, como en los sistemas de gestión de la calidad o de la competencia laboral, probadamente generan mejores resultados.

 

F.Crisóstomo.

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