ESTADO FALLIDO

En Mayo del año pasado fui invitado a dar una conferencia ante la AMEXI, me permitieron elegir el tema: La gobernanza y la gestión de riesgos. Pretendía yo hacerle sentir a mi auditorio que la gestión de los riesgos, en las empresas, tenía que superar el estadio de la vigilancia y los planes de emergencias, que la función había evolucionado, integrándose a los temas estratégicos, impulsada por la globalización y la consecuente internacionalización criminal. Fue en ese contexto en que tocamos el tema del índice de Estados fallidos (publicado por Foreign Policy y el Fund For Peace), dicha publicación es un ejercicio que equipara lo “fallido” con la ausencia o con la insuficiencia de poder estatal; El estudio define un “Estado fallido” como aquel que pierde el control del territorio o el monopolio de la fuerza legítima, que carece de la capacidad de tomar decisiones colectivas o de prestar servicios públicos, que preside a una sociedad que depende del mercado negro, o que falla en recaudar los impuestos.

Independientemente de que el índice solamente atiende a los síntomas, hoy resurge el tema en forma de una peligrosa pregunta: ¿Es México un Estado fallido?, para tratar de responder vayamos por partes.

El Estado es una construcción histórica en cada sociedad, su función primordial es la sustitución de la venganza (violencia privada) por la justicia, despojada, esta última, de la subjetividad de la condena impuesta por la víctima. Como construcción histórica debería ser evolutivo, no obstante, es uno de los pocos entes institucionales que sobreviven sin cambios sustanciales desde sus primeras manifestaciones.

Alguna vez, en nuestro pasado reciente, los líderes mundiales rechazaban los regímenes autoritarios, repudiaban los integrismos, a causa de su inherente centralización del poder; hoy el mencionado índice pretende implantar una visión de temor respecto de la ausencia de centralismo, temor a la tendencia Liberal; la que redujo el papel del Estado al mínimo necesario; la que nos hizo creer que el Estado no debía actuar como Robin Hood, que deberían ser los agentes del mercado quienes asignasen a cada cosa (y a cada quién) su valor real. Nuestra actual crisis financiera global es producto de la excesiva ambición de un conjunto de agentes del mercado operando en medio de Estados debilitados (o cómplices).

Esto nos hace regresar a Claude Frédéric Bastiat (1801–1850), quién concibió que el Estado existe en dos formas posibles: El que quita mucho para hacer mucho o el que hace poco pero quita poco.

Un estado que quita poco y hace mucho, puede irresponsablemente estar empeñando el futuro; Uno que quite mucho y haga poco debe estar plagado de ladrones represivos. Ambos estarían condenados al fracaso, como formas de gobierno.

Desde la limitada perspectiva del índice de Foreign Policy, México, tal vez remotamente, podría llegar a calificar como un “Estado fallido”, los síntomas están ahí; no obstante, eso no implica un escenario catastrófico, ni siquiera de violencia generalizada; es más probable un cambio institucional, capaz de fortalecer las estructuras del poder ciudadano y democrático, debilitando a los actuales poderes fácticos que merman la capacidad de gobierno del Estado: Los Monopolios, públicos y privados; los de productos, servicios e información; la enmohecida partidocracia; los renacientes cacicazgos regionales; las organizaciones clientelares; el crimen organizado. (Difícil distinguir a unos de otros).

Es cierto que hemos acumulado décadas de simulación, pero ni las costras de impunidad del Estado, en su forma actual, ni el Mercado, escaso de empresarios y sobrado de traficantes de influencias, han logrado restar vitalidad a nuestra Nación, esa que es sentimiento, que se expresa igual en la esfera íntima de cada mexicano:

·         Nuestra identidad colectiva es fuerte;

·         Nuestra solidaridad no puede ser cuestionada, a pesar de las ineficiencias de nuestros sistemas de recaudación;

·         Nuestras expresiones culturales son reconocidas en todo el orbe;

·         Nuestra capacidad para defender la paz ha quedado manifiesta en las multitudinarias expresiones de rechazo a la violencia, incluso de la del Estado.

En estas condiciones, no podemos temer a los índices de falibilidad del Estado ni a quienes, por estos días, traten de utilizarlos para descalificarnos; en cambio, sí debe preocuparnos el no ser ciudadanos capaces de llenar los espacios de poder que el Estado ha abandonado, algunos en manos de gentes que, como dijo aquél, ¡no tienen madre!.

F.Crisóstomo.

1 Response to “ESTADO FALLIDO”


  1. 1 Alex enero 20, 2009 a las 22:14

    Hola,

    Que gusto que esto ya empiece a funcionar. Saludos.


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