MAQUIAVELO, EL LUCIFER.

 

Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen

 a las  necesidades del momento, que aquel que engaña

encontrará  siempre quien se deje engañar.

El Príncipe, N.Maquiavelo.

 

 

Para describir a alguien que, en el afán de conseguir sus fines, actúa de modo desleal, engañoso, que esconde sus malignas intenciones, que da a entender lo contrario de lo que siente, que es capaz de quebrantar la fe en él depositada, generalmente utilizamos el adjetivo “Maquiavélico”. ¿Tiene alguna relación el adjetivo con la principal obra de Maquiavelo?, para algunos, Nicolás Maquiavelo, al escribir el Príncipe, dejó la impresión de estar despojando a la política de toda consideración ética; Para otros, fue un patriota que, en su contexto histórico, trató de aconsejar a su líder para que el amor a su país fuera mayor que el amor a su alma, de tal modo que estuviera dispuesto a ir al infierno por él; y esto no es poca cosa situándose en la Italia del siglo XVI.

Desafió la beatería política, dando paso al realismo político, lo expresó de la siguiente forma: “hay tanta diferencia entre cómo se vive y cómo se debería vivir, que aquel que deja lo que se hace por lo que debería hacerse marcha a su ruina en vez de beneficiarse”. Con ello llevó a la política a ser una mera técnica del ejercicio del poder.

Maquiavelo distingue entre la acción moral y la acción política, a la primera le asigna la finalidad de hacer lo que se debe, suceda lo que suceda, a la segunda le asigna la finalidad de conseguir los resultados deseados. Esta última idea me lleva a relacionar a Maquiavelo con la cibernética (como Platón la definió en La República, con el significado de “arte de gobernar”) o, mejor dicho, con la gobernanza (Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía), pues advierte sobre el riesgo de abandonarse a la creencia en el destino, así como del de confiar en la suerte: “El príncipe que confía ciegamente en la fortuna perece en cuanto ella cambia”, e instruye al líder sobre la necesidad de conocer, medir y controlar las variables, para encaminar los resultados hacia los pronósticos deseados.

Seguramente El Príncipe puede ser leído e interpretado de muy diversas maneras; en una primera aproximación estaría dirigido a instruir a los gobernantes, lo que inevitablemente nos llevaría a pensar en gobiernos totalitarios o autoritarios; no obstante, le propongo leerlo desde la perspectiva del ciudadano, lo que daría como resultado una interpretación diferente, podría ser entendido como un manual lleno de mensajes de alerta respecto de lo que un gobernante (partido o interés político) podría estar dispuesto a hacer para mantener o acrecentar su poder. Desde esta perspectiva podríamos leer:

¡Cuidado!, el gobernante puede llegar a creer…

…que algunas crueldades son buenas cuando, a su entender, evitan crueldades mayores; que no debe preocuparse por ser calificado como cruel, si, a su parecer, la crueldad mantiene unidos y fieles a sus gobernados; que, las ofensas que duran menos, hieren menos.

…que no es posible ser amado y temido a la vez, por lo que debe conseguir el temor de sus gobernados; que el amor es un vínculo de gratitud que los hombres rompen a su conveniencia, mientras que el temor al castigo nunca se desvanece.

…que los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar; que los gobernados se dejan engañar por las apariencias y por el éxito.

…que, a veces, la práctica de algunas virtudes pueden causar su ruina y la práctica de algunos vicios podrían traerle seguridad y bienestar; que los medios siempre serán honorables, cuando se trata de conservar el poder.

Nos describe al gobernante como un simple mortal, desempeñando un oficio trágico, pues jamás podrá satisfacer a todos los gobernados, inmerso en un ambiente de constante incertidumbre, donde habrá de comprender que no hay rumbo seguro, que tendrá que evaluar la naturaleza de las amenazas y siempre tratar de aceptar el mal menor. Esa constante sensación de riesgo puede opacar su visión de los valores humanos y conducirlo a enfocarse en la conservación del poder y en el mantenimiento del orden, lo que podría impulsarlo a emprender acciones viles y crueles.

Leído de esta forma, el Príncipe transforma a Maquiavelo en una especie de Prometeo, un Lucifer (príncipe de la luz) que se rebela para dar sabiduría, en este caso, a los gobernados, respecto del riesgo que representa un gobierno sin controles; controles que eviten que la práctica política se sustente en el engaño, la crueldad, el temor y el interés personal o de grupo. Deja de ser un libro de lectura obligatoria para los gobernantes y se transforma en uno obligatorio en la formación de ciudadanos.

En estos días, en que los partidos políticos se concentran en destacar las vilezas del oponente más que las virtudes propias, conviene releer a Maquiavelo para evaluar el riesgo de una mala decisión a la hora de votar por nuestros futuros legisladores. Resulta muy difícil creer que alguien que actúa con vileza para obtener el poder pueda gobernar con grandeza.

Por tu seguridad, por la de todos, que la seguridad del Estado nunca esté por encima de la seguridad de los ciudadanos, y, como dice el comercial del IFE, ¡¡¡PIÉNSALE!!!

 

F. Crisóstomo.

 

Nota:

No dejaré de insistir en la pregunta de Karl Popper: ¿De qué forma podemos organizar las instituciones políticas a fin de que los gobernantes malos o incapaces no puedan ocasionar demasiado daño?; esto también es realismo político.

 

1 Response to “MAQUIAVELO, EL LUCIFER.”


  1. 1 Carolus abril 14, 2009 a las 14:55

    No deberías leer esto… Es retorcidamente “maquiavélico”. Entra, mira y ya dirás qué te parece.

    http://www.personal.able.es/cm.perez/Extracto_de_EL_ARTE_DE_LA_VENTAJA.pdf

    Mas sobre Maquiavelo y otros estrategas similares en
    http://www.personal.able.es/cm.perez/


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