TAN SOBERBIOS COMO IGNORANTES.

 La velocidad imprime un ritmo a la toma de decisiones vecino a la improvisación, cuando no al atolondramiento.
La Red; Juan Luis Cebrián.

 Son pequeños, miden entre 24 y 300 nanómetros (un nanómetro es igual a una millonésima parte de un milímetro), no los puedes aplastar a pisotones. Sin muchas pretensiones, echando mano de solamente tres funciones básicas (replicación, transcripción y traducción) se reproducen con eficacia. Frecuentemente, al replicarse, cometen errores, lo que les permite aprovechar la selección natural para mutar rápidamente. No poseen inteligencia, ni siquiera tienen estructura celular ni metabolismo, por lo que requieren de una célula huésped para replicarse. Aún así, de vez en cuando, reaparecen para dar lecciones de humildad a la criatura más soberbia del planeta.

Entre nosotros, ni siquiera nos hemos puesto de acuerdo respecto de si son los organismos menos evolucionados o, con el tiempo, debido a su vida parasitaria, perdieron genes no requeridos, en un proceso de evolución retrógrada. Mientras lo pensamos, ellos siguen produciendo copias, cometiendo errores y practicando nuevas formas de asegurar su persistencia.

La conciencia respecto de lo poco que sabemos y de la fragilidad de nuestra existencia nos produce un gran miedo; nuestras ciencias y tecnologías no son suficientes para sentirnos a salvo; es entonces cuando la arrogancia personal se derrumba y recordamos lo mucho que nos necesitamos; cuanto, cuidando de ti, cuido de mí.

Solo algunos, por ignorancia, mantienen intacto su egoísmo y reaccionan creando fantásticas burbujas xenofóbicas a su alrededor. Ignoran que la especie humana comparte el 99.9% del genoma; ignoran que nuestras enfermedades son producto de la interacción entre nuestro genoma y el medio ambiente; ignoran que, del amplio mosaico de enfermedades existentes, el 70% está asociado con el medio ambiente, mientras que únicamente el 30% se ha podido asociar directamente a los genes. Así que el virus AH1N1 no es capaz de distinguir, entre el 0.1% del genoma humano, aquellas características propias del mexicano, entre otras cosas, porque no conoce de pasaportes.

Pero la ignorancia se cura, basta la adecuada difusión de información relevante; la estupidez es más resistente, en algunos casos es inmune al SABER, pues se ha especializado en el CREER. Entonces, para que se sepa:

  • Aunque resulta irrelevante el lugar en que se originó el virus, pues hoy está extendido por todo el planeta, existe evidencia de que la cepa tuvo su origen en una detectada en los Estados Unidos.
  • No se especializa en matar mexicanos, la reciente aparición de la cepa, el periodo vacacional de semana santa, la belleza de nuestras playas, las preferencias del turismo, la cordialidad de los mexicanos (nuestro gusto por el contacto físico), reunieron las condiciones propicias para su propagación.
  • No está asociado a problemas de higiene, los mexicanos estamos entre los primeros tres lugares de consumo de jabón en el mundo.
  • Los ciudadanos de este país actuamos responsablemente y, aún cuando el impacto económico de las medidas de contención ahondará más nuestra crisis, reaccionamos con eficacia y disciplina, apegándonos a los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud.
  • Lo poco que hoy sabemos respecto de este nuevo virus, en parte, se relaciona con la transparencia con la cual hemos manejado esta crisis.

No concuerdo con la imagen heroica difundida, el cinco de Mayo, por el presidente Calderón: no somos héroes, no protegimos al mundo, apenas hicimos lo correcto y, una vez más, el desempeño de la ciudadanía estuvo muy por encima del de las instituciones de salud. Queda decir que solamente hemos sido responsables y pagaremos los costos asociados con ello, incluso aquellos derivados de la ignorancia xenofóbica de los gobiernos de algunos pocos países.

Pronto, el miedo comenzará a marcharse, reaparecerán la certidumbre y la soberbia; no obstante, mi mayor temor permanecerá: nunca venceremos a la ignorancia, pero la estupidez no lo sabe.

 

F. Crisóstomo.

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