AZAR, GENES Y MEMES.

 

    Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; lo hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van.
José Ingenieros (1877-1925) Filósofo y psicólogo argentino.

 

Al perro más flaco se le cargan las pulgas; esa es una explicación frecuente para las rachas de “mala suerte”, pero, ¿las pulgas son causa o efecto de la flacura del perro?; pueden ser ambas cosas; puede tratarse de un círculo perverso.

¿Será mala suerte que la crisis financiera mundial, la que dicen los políticos que “vino de fuera”, nos haya colocado como uno de los países más afectados?; ¿Será mala suerte que el virus AH1N1 haya tenido el mayor índice de letalidad en nuestro país?

Personalmente tengo poca confianza en lo relativo a la suerte, tal vez porque nunca he logrado ganar nada sin esforzarme, ni he perdido lo que no haya dejado de cuidar.

Las crisis financieras ocurren cíclicamente y se propagan rápida e intensamente de las economías avanzadas a las economías emergentes; la dependencia financiera de los países emergentes es el canal de transmisión; por ello, la reducción de las vulnerabilidades particulares no puede aislar a las economías emergentes, pero puede mitigar los efectos.

El surgimiento de un nuevo virus es inevitable, si uno de ellos puede variar al reproducirse, si persiste al proceso de selección natural y si puede generar descendencia, heredando sus nuevas características, entonces solamente se requiere un replicador para su dispersión.

Entonces, si ambos fenómenos son inevitables, ¿lo podemos atribuir al azar?; La respuesta es no, no necesariamente.

No fue la crisis financiera lo que colocó a nuestra economía en una posición de extrema vulnerabilidad; fueron la deficiente calificación del riesgo, la debilidad reguladora de los estados, nuestro enfoque excesivo en la exportación, el descuido del mercado interno, la desinformación sobre la magnitud del fenómeno. Nada que no se hubiera podido evitar si el crony capitalism (capitalismo de cuates) no hubiera tomado el control, años atrás.

Tampoco fue el virus AH1N1, por sí mismo, el que provocó tantas muertes; fueron las debilidades de nuestro sistema de alerta epidemiológica, nuestra desconfianza en la salud pública y el desprecio oficial por la inversión en ciencia y tecnología.

Concluyendo: era previsible pero no fue previsto. Seguramente la agenda de riesgos de la seguridad nacional, monotemáticamente obcecada en asuntos criminales, nunca consideró la crisis financiera ni la epidemia.

Frecuentemente escucho gente justificando nuestras desgracias en nuestra forma de ser: “Así somos los mexicanos” es una explicación recurrente; no obstante, se que no es posible encontrar en el genoma una confirmación de características que expliquen el “así somos”.

Recientemente leí que, por ejemplo, se ha encontrado que existe consistencia en la relación entre algunas variantes del gen MAO-A y comportamientos agresivos. Una enzima, la monoamino oxidasa (MAO), responsable de deshacer los neurotransmisores, una vez que estos concluyen sus tareas, al escasear o ser menos eficaz, provoca un exceso de químicos que, a su vez, podrían provocar cambios en el estado de ánimo; por tanto, es posible que ciertos cambios en el gen que codifica la producción de esa enzima puedan asociarse a una mayor agresividad. No obstante, es importante aclarar que una relación no puede declararse como causal, sino hasta que se haya hecho una exhaustiva comprobación y eso no ha ocurrido aún.

Los humanos no somos únicamente replicadores de genes, también somos replicadores de memes; de igual manera que replicamos nuestras características físicas en nuestros hijos, replicamos nuestras características culturales; Los memes son piezas de información que se copian de persona a persona, que van sufriendo mutaciones, que sobreviven a un proceso de selección cultural, todo esto de manera egoísta, es decir, sin importar si son buenos o malos, si son verdades o mentiras.

Entonces, ¿existe algún meme  o conjunto de ellos que pueda justificar el “así somos” de los mexicanos?.

Déjeme contarle que, en el sitio web de TED (Technology, Entertainment, Design), encontré una breve plática de Joachim de Posada, donde nos comparte un experimento que consiste en dejar a un niño de cuatro años frente a un malvavisco, indicándole que, si espera 15 minutos sin comerse el malvavisco, se le gratificará con un segundo malvavisco. Resulta que dos de cada tres niños no esperaron y engulleron el malvavisco. El expositor trata de determinar una relación entre la capacidad de esperar una recompensa retardada, con un aspecto de la personalidad: la autodisciplina, y este aspecto con el éxito de las personas.

Ahora le pido me acompañe en algunas reflexiones,

Tanto en lo relativo a la crisis financiera como a la epidemia reciente podemos notar una ausencia de prevención, tal vez porque prevención signifique beneficios en el largo plazo, apuesta por un mejor futuro y, en nuestra cultura, el meme que rechaza la gratificación retardada este bastante extendido y fuertemente arraigado; le doy algunas pistas:

El “pragmatismo” de nuestros políticos, que impide una visión de largo plazo y evita que se tomen precauciones contra las variaciones cíclicas de la economía, (inversión en actividades primarias, infraestructura, ciencia, tecnología o capital humano).

El “inmediatismo” de buena parte del empresariado nacional, que prefiere el aseguramiento de la rentabilidad de corto plazo, por el camino de los bajos costos (o de la corrupción), a la persistencia del negocio en el largo plazo por la vía de la creatividad y la competitividad.

El de nuestros sistemas de formación de capital humano, que muestra preferencia por la acumulación de certificados, antes que por el desarrollo de competencias laborales; La plaza de Santo Domingo es un ícono de ello, tanto como la saturación de carreras que, aparentemente, exigen un menor esfuerzo.

Podríamos elaborar una larguísima lista de pistas, pero quiero centrar su atención en una que me ha resultado especialmente dolorosa: La guardería de Hermosillo, esa subrogada a parientes de funcionarios, esa donde fallecieron niños. (Ni siquiera quiero decir un número, uno solo habría bastado para provocar nuestra reflexión).

También ahí falló la prevención, ganaron el inmediatismo, el pragmatismo y el oportunismo de unos cuantos que, entre favor y favor, clásica cadena de favores del capitalismo de cuates, ocultaron, entre papeles, sellos y firmas, las fallas que cancelaron el futuro de esos pequeños.

Castigar a los responsables (o irresponsables) es condición indispensable, pero lo es más, y tendrá mayor trascendencia, comenzar a erradicar de nuestra cultura los memes que tanto nos han dañado.

No es mala suerte, es egoísmo, es pragmatismo, es oportunismo, es inmediatismo.

¿Por qué no comenzar a apostar al futuro?, ¿Por qué no incluir, en la educación, la magia de la gratificación retardada, el valor de la autodisciplina?

Si comenzamos hoy, en una o dos décadas, el “así somos”, justificador de vergüenzas, podría cambiar sustancialmente por un orgulloso ¡ASÍ SOMOS!.

F. Crisóstomo.

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