EL PASADO NOS ALCANZA.

El mismo Buda mina la autoridad escritural de sus palabras al exhortar a sus seguidores que no acepten la validez de sus enseñanzas únicamente por reverencia a él.
Dalai Lama, “El Universo en un Solo Átomo”.

 

Recientemente, el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, durante su comparecencia ante el pleno de la Cámara de Diputados, pronunció una frase que nos sacudió; -El futuro ya nos alcanzó-, dijo, refiriéndose al impacto que la crisis financiera ha provocado en nuestro país. La frase, entre otros, tuvo el propósito de convocarnos a pagar más impuestos, invocando nuestros temores a un futuro plagado de miseria.

Tal vez, en el gobierno actual no estén siendo conscientes de sus palabras, la invocación de nuestro temor al futuro podría implicar una invitación a regresar al pasado. Incluso si ello significara el regreso del PRI, nuestros mayores temores tendrían una fuente mucho más peligrosa: una regresión político-cultural. Permítame describirle a que me refiero:

Los focos rojos de esa regresión comenzaron a encenderse cuando, en el 2001, el ex Secretario del Trabajo, Carlos Abascal, indignado se quejó con la directora del plantel porque encontró a su hija leyendo “Aura”, porque un párrafo de la novela le causó, a él, una fuerte impresión de sensualidad.

Más recientemente, los focos rojos volvieron a parpadear, cuando el alcalde de Guanajuato, Eduardo Romero Hicks, emitió un nuevo Bando de Policía y Buen Gobierno que prohibía “Realizar tocamientos obscenos en espacios públicos” y proponía un castigo de 36 horas de cárcel o multas de hasta 30 salarios mínimos. Lo peor fue cuando, tratando de ser más específico, aclaró que el nuevo bando prohibía los “fajes” y los besos “olímpicos” (sic.) y aseguró que la finalidad era “inculcar valores y civilidad” entre la población.

El Presidente Calderón se encargó de intensificar los focos rojos de la regresión, durante el VI Encuentro Mundial de las Familias, en enero de este año, al asegurar que “la proliferación de individuos que hacen de la violencia, del miedo, del crimen y del odio su forma de vida coincide, por desgracia, en una gran medida, con la fragmentación y la disfuncionalidad que afectaron su entorno familiar”. En ese discurso también aseveró que “En México más de cinco millones de familias están encabezadas por la madre, por una mujer”. Su mensaje fue interpretado como una estigmatización a las madres solteras de nuestro país.

Más recientemente, en Mayo, el Congreso del Estado de Guanajuato, aprobó la “Ley antiaborto” mediante el voto de dos diputados del PRI, uno del PT y 23 de los legisladores panistas. Se pretende ahora modificar el Código Penal para castigar con prisión a las mujeres que aborten, aún cuando se trate del producto de una violación.

El pasado 19 de septiembre, me enteré, por un reporte del Universal, que la Secretaría de Educación del Estado de Guanajuato incorporó conceptos sobre moral en los textos de Biología de primero de secundaria y eliminó las imágenes de los órganos sexuales. Entre otras cosas el libro menciona: “El único medio garantizado al 100% para evitar el SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual es esperar  hasta el matrimonio”; “Para muchas personas, la virginidad es un tesoro que desean entregar a la persona más importante de su vida”; “la píldora anticonceptiva de emergencia te puede dar cáncer de útero”.

Para sumar más focos rojos, usted recordará el caso del pastor boliviano que secuestró el vuelo 576 de Aeroméxico, según él, para advertir sobre un devastador terremoto que le anunció Dios. Resuena en mis pesadillas su grito al salir de las instalaciones de la PGR: “¡Jesucristo vive, y volverá!”.

El pasado viernes, Luis Felipe Hernández, originario de Lagos de Moreno Jalisco, agricultor, asiduo lector de la Biblia, dentro de la estación del Metro Balderas, aquí en el D.F., asesinó a dos personas y lesionó a otras cinco. De acuerdo con el testimonio de un testigo, Luis Felipe expresó que todo “era en nombre de Dios, que el gobierno te mata de hambre y que nos pusiéramos a rezar”.

Por favor, no quiero que se confunda, no estoy atacando a ninguna forma de religión, ni a partido político alguno, en realidad, trato de expresar mi temor de que algunas denominadas instituciones religiosas o políticas hayan secuestrado la espiritualidad de muchos de nuestros connacionales y esto sí es algo que debería helarnos la sangre. Permítame recordarle lo siguiente:

Casitas del Sur, famosa por la desaparición y probable tráfico de menores, fue operada por La organización Reintegración Social, A.C., y dirigida por el líder de la Iglesia Cristiana Restaurada.

El cartel de La Familia ha sido descrito, con frecuencia como un “culto pseudo-evangélico”; se asegura que reclutaba a nuevos miembros a través de una organización religiosa llamada La Nueva Jerusalén; también se afirma que tiene su propio manual espiritual, donde se pide a los miembros evitar las adicciones y mantener la “unidad familiar”, el objetivo de este adoctrinamiento parece ser el de establecer un control de mayor calidad, mediante el manejo de las motivaciones y de las emociones.

Equivocadamente, alguna vez, yo mismo llegué a creer que la espiritualidad había sido causa de muchas guerras de exterminio; en realidad, la causa de esas atrocidades ha sido el uso político de la espiritualidad. Los credos, la fe han sido consistentemente utilizados para infundirnos miedo respecto del “otro”, del “diferente” y enfocar nuestros temores, en una reacción violenta preventiva, hacia supuestos enemigos amenazantes.

Por esto es que no temo tanto al futuro (planteado por Carstens) como a una regresión hacia un pasado que yo creía desterrado de nuestra cultura y de nuestra política. En un país, México, que ha demostrado consistentemente su profunda solidaridad, no puedo temer a la escases ni a los terremotos ni a los virus, tengo miedo de que la manipulación política de nuestra espiritualidad sí logre llevarnos a las calles, a agredirnos entre nosotros, justificándonos en el nombre de alguna Deidad o dogma. Estamos hablando de la misma manipulación que acabó con comunidades enteras en tiempos de la Santa Inquisición y que exterminó a millones de judíos durante la segunda Guerra Mundial.

Por nuestra seguridad, rescatemos los principios comunes de la espiritualidad, con independencia de la institución religiosa a que pertenezcamos. Creo que es momento de rescatar que las religiones, casi sin distinción, son llamados a la acción compasiva y empática; que todos los credos son declaraciones de compromiso y entrega a los demás. Que fallan en su fe quienes prefieren tener razón a tener compasión.

F. Crisóstomo.

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