LA OTRA SEGURIDAD

LA OTRA SEGURIDAD

La emprendida del ejecutivo federal contra el narcotráfico ha sufrido fuertes cuestionamientos; desde los que apoyan la política de mano dura, pero ponen en duda la estrategia, hasta el otro extremo, los que afirman que es el prohibicionismo la causa de fondo y apuestan por la legalización de las drogas.

La actual visión, basada en el empleo de la fuerza, parece comenzar a demostrar su ineficacia. Más tropas, más armas, más muertes se suman diariamente a la escalada de violencia. El empleo de nuestro ejército en tareas de seguridad pública se intenta justificar como una medida temporal, en tanto se construye una policía confiable; no obstante, esa nueva policía tiene un endeble sustento: reclutar a los buenos y excluir a los malos, mediante exámenes socioeconómicos, sicológicos, toxicológicos y la aplicación del polígrafo; pruebas que, por cierto, según aseguró Jorge Tello Peón, ex secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, será imposible aplicar a los 400 mil policías del país, por la escasez de dinero y la falta de capacidad instalada. (El Universal, Sábado 19 de septiembre de 2009).

Tal vez en lo único que hemos coincidido, como sociedad, es en nuestro deseo de mantener comunidades sin crimen. En Ciudad Juárez, por primera vez, nuestros funcionarios parecen reconocer la importancia de la cohesión social en la solución del problema, manifestándose por la “reconstrucción del tejido social”, aunque tengo la impresión de que ellos (los funcionarios) no han esclarecido su significado y sus acciones podrían desviarse hacia tácticas asistencialistas y hasta electoreras.

Independientemente de las posturas ideológicas, es claro que, en el corto plazo, es indispensable contener los efectos del crimen y que para ello es necesaria la acción policiaca y el trabajo de las instituciones de justicia. No obstante, es innegable que no bastaría.

Hace menos de un año, durante una conversación con especialistas en estos temas, hice una pregunta, ¿Cuáles son los mejores policías del mundo?, la mayoría respondió que los Bobby’s ingleses, otros dijeron que los Carabineros chilenos; lance luego una segunda pregunta, ¿Nuestro presupuesto de seguridad pública alcanzaría para pagar ese cuerpo policiaco?, la respuesta fue un unánime ¡Sí!; finalmente, hice una tercera pregunta, ¿Qué ocurriría si los trajéramos a México?, todos rieron y entre sarcasmos dijeron que terminarían obesos, comiendo gorditas y tamales, y pidiendo mordida.

Así que, para el mediano plazo, la recuperación de la seguridad pública pasa por la recuperación de la imagen de nosotros mismos, por el crecimiento económico, la generación de empleos, las reformas estructurales, principalmente la reforma política (que signifique más que un reacomodo de la partidocracia y se manifieste en un verdadero fortalecimiento de la democracia, basado en la construcción de ciudadanía).

No quisiera que esta última frase quedara hueca, cuando me refiero a ciudadanía quiero decir la construcción del entramado institucional que nos permita, a los ciudadanos, evitar que las fallas técnicas o éticas de nuestros políticos y funcionarios nos causen tanto daño. Por ejemplo: fortalecer la transparencia, construyendo órganos de auditoría capaces de conseguir acciones efectivas de restauración del patrimonio público y de reducción de la impunidad y el cinismo que caracterizan hoy al político profesional o al funcionario público.

Las acciones de corto y mediano plazo, de alguna manera, resultan evidentes y no dudo que, tarde que temprano, lograremos implementarlas; sin embargo, si algo debe preocuparnos es el largo plazo, aquellas acciones que por sus resultados, desplazados en el tiempo, parecen no ser del interés de nuestros líderes, generalmente cortoplacistas, o algunas otras amenazas que permanecen ocultas en modelos mentales que nos impiden percibir sus perversos efectos.

Siempre que una discusión sobre seguridad se alarga, en busca de propuestas de solución, suele derivar hacia dos temas fundamentales: los valores y la educación. Es como si tácitamente hubiese aceptación respecto de que nuestros modelos mentales están equivocados y de que nuevos modelos deberán construirse para el futuro. Cuando hablo aquí del futuro, no quiero dejar una sensación abstracta, en realidad me refiero a ese futuro que hoy tiene un cuerpo, una mente y un espíritu, lo que sea que esto último signifique, me refiero a nuestros niños.

Mientras otros seres vivos hacen trascender su identidad, su comportamiento social e incluso el control de su violencia, a través de la información contenida en sus genes, los seres humanos controlamos nuestra conducta social a través de los memes, de la información contenida en la cultura. La mayoría de las especies no recurre al asesinato como forma de resolver sus conflictos, su genética se los impide, nosotros somos distintos, siempre podemos optar.

Nuestros niños nacen indefensos contra muchas enfermedades, sus cuerpos son organismos de crecer; igual sucede con sus mentes, son sistemas de aprender, de absorber información, incapaces, al principio, de discriminar; por ello es sumamente importante aquello que, tanto sus cuerpos como sus mentes, insumen en el proceso de desarrollarse.

En cuanto a lo espiritual, creo que nos hemos equivocado en el modelo mental de laicismo; no se trata de erradicar la religión de la educación, creo que deberíamos rescatar la aportación de todas y cada una de las religiones a la formación ética. En esto quiero ser muy claro, de lo que se trata es de ofrecer a los niños información suficiente para que ellos decidan su preferencia espiritual. Hoy, el principal problema de las religiones es que los ministros de culto o representantes de las instituciones religiosas prefieren tener razón a tener compasión y tolerancia. Todas las religiones comparten en sus soportes fundacionales la misma idea de evitar dañar la vida, especialmente la humana, por tanto es innegable su aportación a la reducción de la violencia y a la seguridad, entonces, tal vez, también debamos sacar a la espiritualidad del cajón de las creencias y llevarla a la acción comunitaria.

En cuanto a sus mentes, es claro que la metodología de la ciencia, como honesto esfuerzo en busca de la verdad y no como arrogancia de su posesión, es el mejor camino para dotar a nuestros niños del indispensable escepticismo que les evite vivir sometidos al engaño de liderazgos mesiánicos y les permita aspirar a la más fundamental de las libertades: la libertad de pensar; estoy seguro de que cualquiera de nosotros preferiría ver en los propios hijos el impulso por descubrir más que la voluntad de creer. Hoy, la dinámica social está sustentada en el conocimiento científico y en la tecnología, no obstante nuestra comprensión al respecto es bastante limitada, lo que produce innumerables decisiones que implican riesgos para la convivencia. ¿Dónde vivir?, ¿Qué consumir?, ¿Qué hacer para obtener ingresos?, son decisiones que, cuando se toman con poca o mala información, pueden acarrear consecuencias hasta desastrosas.

Ahora le pido que me ayude, tratando de responder a la siguiente pregunta: ¿Qué pensaría usted de una sociedad que invierte innumerables recursos en armas, para reducir las muertes, producto de la criminalidad, pero que no atina a evitar que la comida chatarra esté reduciendo la expectativa de vida y salud de sus niños?; a mí me parecería una sociedad por lo menos incongruente, si no es que hasta hipócrita o perversa. Sin embargo, hoy, en México, vivimos una verdadera epidemia de obesidad infantil y las escuelas se han convertido en el principal espacio obesigénico, aunque tampoco en el único, pues el hogar y los espacios públicos contribuyen fuertemente a esta aberración.

Las mismas empresas que ostentan sendos galardones de calidad o responsabilidad social y que reclaman por la inseguridad ante la criminalidad, no pueden negar que algo de criminal tiene la promoción y venta de los productos que han causado esta epidemia. Los padres de familia ocupados de “dar lo mejor” a sus hijos no pueden evadir su parte de responsabilidad, al menos por la desinformación que ha acompañado a sus decisiones nutricionales. Las autoridades educativas y de salud que hoy se pronuncian por reducir el consumo de refrescos, nada han hecho por, al menos, mantener bebederos suficientes y en condiciones saludables. Las asociaciones de padres de familia tampoco han atinado a establecer criterios nutricionales en las cooperativas que comercializan productos alimenticios al interior de los planteles.

Una de las primeras frases que aprendí en materia de la Teoría de Sistemas fue “Garbage In, Garbage Out” (Si entra basura, sale basura), así que, pensada como sistema, nuestra sociedad puede esperar muy poco de su futuro si hoy no comienza a mejorar lo que entra en los cuerpos, mentes y espíritus de sus niños.

Y de la seguridad, ni hablar; será imposible construir una civilización resiliente, sin ciudadanos resilientes.

F. Crisóstomo.

2 Responses to “LA OTRA SEGURIDAD”


  1. 1 José Manuel García abril 5, 2010 a las 22:34

    Fermín buenas tardes,
    Gusto en saber nuevamente de tu sección, realmente el análisis del tema que nos ocupa es muy cierto, el Gobierno ha entrado en una serie de acciones que únicamente han dejado muchos muertos y realmente no se ve un fin cercano.
    Parte fundamental en este tema son las familias, en donde nadie se ha preocupado por crear campañas masivas para ayudar desde adentro a cada familia (principalmente en donde existan consumidores), la ayuda médica, psicológica o simplemente para hacer notar que la autodestrucción de su familia esta en proceso y en consecuencia enriquecer a los “narcos” con una lucha de poder por los mercados.
    También citas la religión, tema que algunas personas les causa cierta controversia pero si realmente hacemos una inmersión de fondo encontraremos la escencia del comportamiento humano por preservar la vida y no la autodestrucción.
    Me permito citar algo fundamental que se encuentra en la Biblia en Proverbios 1:7 dice lo siguiente, “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová (Dios)” pero la ausencia del “temor a Dios” impide que la vida sea plena, limpia, transparente con objetivos fijos y determinantes para el bien personal, familiar y social.

    Mis mejores saludos.

  2. 2 Luis Gonzalez del Rio abril 6, 2010 a las 02:53

    Estimado Dn. Fermin

    .
    Todos los que de alguna manera somos del comùn, (me considero del comùn) leemos todos estos articulos con cierto dejo de impotencia, sus atinados comentarios nos abren mas los ojos a una realidad, la realidad que estamos viviendo actualmente y que quizàs pasen muchos años antes de que nuestra manera de ser como Mexicanos cambie desde sus mas profundas raices. Lo siento con mucha angustia ver que pasan y pasan sexenios y en este Mèxico tan querido nunca pasa nada. Gracias Don Fermin por exponer valientemente su forma de pensar.


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