LA ÚLTIMA LÍNEA

¿Cuántas veces se ha encontrado a usted mismo aplaudiendo una conferencia que no fue de su agrado?; dicen que lo hacemos por prudencia o por sentido común; otros dicen que se trata de las neuronas espejo, que nos facultan para la empatía. Por causa de la empatía, muchas veces respondemos lo que sabemos que el otro quiere escuchar, teniendo que esconder una verdad o nuestra verdadera opinión; a quien no lo hiciera así, tal vez, lo llamaríamos antipático o hasta inadaptado, aunque, se me ocurre que simplemente lo podríamos llamar sincero.

El pasado día 20, ante un auditorio lleno de niños que aplicarían a la Prueba Enlace, nuestro Primer Mandatario preguntó: “¿Ya están listos para su Prueba Enlace o todavía no?”; la respuesta seguramente heló la sangre de muchos adultos asistentes; la mayoría de ellos hubieran dado la respuesta que, estaban seguros, el Presidente querría escuchar; pero los niños hicieron a un lado la empatía, la prudencia y el sentido común, para hacer resonar el auditorio con un sincero y estruendoso ¡Noooooo!. Más allá del valor de su sinceridad, yo creo que demostraron un menor grado de sumisión que muchos de los adultos ahí presentes (y ausentes), y eso me llena de esperanza.

Recientemente don Joaquín López Dóriga, en su columna del Universal, dio cuenta de algo que se había conocido como un mito: que el general Clemente Vega García, secretario de la Defensa Nacional, durante el gobierno Foxista, se había negado a sacar al Ejército a las calles, ante el temor de una eventual explosión social por el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, exigiendo al Presidente Fox que le diera la orden por escrito.

El rechazo del General Vega de ninguna forma puede entenderse como un acto de desobediencia, sino como la actuación responsable de un líder, ante las consecuencias que implicaría el cumplimiento de aquella orden. Al respecto, el CÓDIGO DE JUSTICIA MILITAR, en su Artículo 110, es sumamente claro: “Siempre que el cumplimiento de una orden del servicio implicare la violación de una Ley Penal, serán responsables el superior que hubiere dictado esa orden y los inferiores que la ejecutaren,…”

Ahora que la discusión sobre la actuación de nuestro ejército en tareas de seguridad pública ha llegado al Congreso, vale la pena recordar que, al inicio de este sexenio, mucho se habló respecto del gran riesgo que implicaba comprometer a nuestro instituto armado en una guerra sin fin y sin victoria.

El ejército simbolizaba nuestra última línea de defensa, así que la pregunta emergía automáticamente: y, si los soldados no alcanzan la victoria, ¿qué sigue?; para responder, lo invito pasear por la historia de nuestra lucha de independencia: durante el sitio que el ejército virreinal impuso sobre Cuautla, donde los independentistas resistían, parte de la artillería independentista, apostada en la Plazuela de San Diego, ante una falsa alarma quedó abandonada; para el ejército virreinal se abría una ruta de ingreso a la plaza; entonces, un muchacho civil de 12 años, llamado Narciso Mendoza, a pesar de haber sido herido en un brazo, accionó uno de los cañones, consiguiendo detener al virreinal enemigo.

Después de la última línea seguimos nosotros, los ciudadanos.

“¡Bendito sea Dios, ya llegaron los soldados!”, es la frase con que nuestras fuerzas armadas son recibidas, donde los desastres golpean a los más desprotegidos.

En el 2004, los ciudadanos tomamos las calles de la CIUDAD DE MÉXICO, no para evitar que Andrés Manuel López Obrador fuera sometido al proceso de desafuero, sino para evitar que el poder político hiciera uso abusivo de las instituciones de justicia.

Hoy, tenemos la oportunidad de apoyar la iniciativa de reforma a la Ley de Seguridad Nacional, para evitar que se haga uso abusivo de nuestro instituto armado, estableciendo un procedimiento para declarar una afectación a la seguridad interior, antes de comprometer a nuestras fuerzas armadas en tareas de seguridad pública.

Si lo logramos, esta vez escucharemos a nuestros soldados decir: “Bendito sea Dios, por fin llegaron los ciudadanos”; y nos daremos la mano, seguros de haber contribuido a la consolidación de nuestra democracia, desterrando la posibilidad de que sus armas tengan que volverse contra nuestros legítimos intereses.

F. Crisóstomo.

1 Response to “LA ÚLTIMA LÍNEA”


  1. 1 Jose de Jesus F. Cruz contreras abril 27, 2010 a las 19:47

    Buen punto de vista, saludos


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