EL PUERCO ESPÍN

 

Si un ensayo de solución (…) resiste la crítica, lo aceptamos provisionalmente

(…)principalmente como digno de seguir siendo discutido y criticado.

Karl Popper, EN BUSCA DE UN MUNDO MEJOR.

 

Una leyenda de la tribu Chippewa cuenta que, al principio, Puercoespín, indefenso, carecía de púas; pero, cierto día, víctima de uno más de los intentos de Oso por devorárselo, mientras se escondía bajo un espino blanco, sintió el dolor que las espinas producían; fue entonces que se le ocurrió cubrir su lomo con ellas; en el siguiente encuentro con Oso, Puercoespín se enroscó, como una pelota, y Oso conoció el dolor de los pinchazos. Nanabozho, un espíritu creador de la tierra, atestiguó los hechos e hizo posible que, para siempre, las espinas formaran parte de la piel de Puercoespín; ahora, Oso tendría cuidado de cruzarse con él.

Jeffrey Davidow, ex embajador de los EEUU en México, utilizó esta alegoría para escribir un libro llamado “El oso y el puercoespín”, que, entre otras cosas, resulta ser una crítica tanto a la soberbia estadounidense, como a la hipersensibilidad del nacionalismo mexicano; hipersensibilidad que es manifiesta no solamente respecto del nacionalismo, sino que se extiende hacia la crítica; esto se hace evidente en los usos que, en nuestra cultura, se hacen de la palabra CRÍTICA, por ejemplo: un “criticón” es alguien a quien casi nadie quiere tener cerca; un “criticado” puede ser tasado como culpable o como víctima; el vocablo “crítica” llega a adquirir el significado de descalificación o calificativo con mala leche.

En franca contradicción con esos usos, la crítica es la principal fuente de la objetividad científica, como lo afirma Karl Popper: “La objetividad de la ciencia no es cosa del científico individual sino más bien resultado social de la crítica recíproca (…) entre los científicos, de su cooperación y también de su enfrentamiento.”, por tanto, es posible afirmar que la crítica no solamente es útil sino indispensable, pues el progreso científico es resultado de la osadía en las ideas y de su sometimiento a la crítica.

Cabe, entonces, preguntar por las causas de la degeneración cultural del concepto; es posible, como en muchos otros casos, encontrar, en el fondo, la influencia de la educación. Se nos educa, dice Popper, “para actuar con el pensamiento puesto en los espectadores”, para admirar la fama y el relumbrón, para privilegiar la forma por sobre el fondo; se nos hace pensar que nuestra trascendencia depende del papel que desempeñemos en ese romántico espacio denominado “EL ESCENARIO DE LA HISTORIA” y, entonces, caemos en la angustiosa trampa de querer proyectar una imagen de perfección o de extrema sabiduría, perdiendo, en el camino, el valor que se requiere para intentar.

Es posible que aquellos que son educados de esa manera, sobre una Historia casi mitológica, donde los héroes son semidioses, pretendan serlo ellos mismos y, por tanto, no soporten el ridículo o su probabilidad acechante en la crítica. También es posible que sea el origen del ostracismo y la opacidad de muchas organizaciones basadas en dogmas historicistas, así como de la sobrevaloración de las instituciones.

Hoy, tenemos voces que nos piden hablar bien de México, voces que, velada o explícitamente, proponen que criticar significa hablar mal; sin embargo, resulta claro que es, en nuestras fallas, donde más necesitamos de la crítica; acallarla con mentiras, con opacidad o con violencia, significa escribir una historia que a nadie servirá en el futuro y que, por el contrario, prolongará nuestra hipersensibilidad y, en consecuencia, nuestra incapacidad de conocer la verdad y corregir el rumbo.

Lo mismo ocurre en la gestión de la seguridad en nuestras organizaciones, la crítica, en forma de mediciones, se torna indispensable para los procesos de mejora. Contrastar los objetivos con los resultados y desempeños nos permite salir de la trampa de los calificativos y transformarlos en calificaciones. Para ello, es indispensable que los responsables de la gestión de la seguridad comiencen por abandonar la piel de puercoespín; así lo están haciendo aquellos que se han abierto a sistemas de gestión estandarizados, porque han comprendido que las auditorías representan la crítica requerida para lograr mejoras, tanto en su eficacia como en su eficiencia.

F. Crisóstomo.

Nota:    Referida a un estándar, la auditoría puede ser una lupa; sin estándar, es el espejo de la bruja de Blancanieves.

1 Response to “EL PUERCO ESPÍN”


  1. 1 Luis Gonzalez del Rio agosto 14, 2010 a las 17:37

    Lo que he observado en mi trato con muchos de los dirigentes de estas empresas, es que sienten que son la verdad o que tienen toda la verdad en los aspectos de seguridad y dificilmente reconocen que algunos de sus conceptos son arcaicos. Al final quedan como la bruja preguntandose Verdad espejito que soy la neta en seguridad?


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