ENTRE CREER Y SABER

Los que tienen por oficio la guerra, grandes o pequeños, no pueden ser de otra manera porque la paz les empobrece y arruina (…) Sus jefes, por no querer la paz, procuran por todos los medios alargar las guerras. El Arte de la Guerra. Nicolás Maquiavelo.

 

¿Cómo cambió su punto de vista una vez que se enteró de que Carlos Salinas estaba involucrado con los narcotraficantes? -preguntó el entrevistador-; me preocupé mucho (…) me preocupaba México, no se trataba de Carlos o Raúl (…), porque sé el precio que México pagaría por cada error que cometiéramos en la guerra contra las drogas -respondió Guillermo González Calderoni.

¿Lo recuerda usted?, fue uno de los comandantes de la Policía Judicial Federal que más poder acumuló en la PGR; quien habría colaborado, como informante, en investigaciones de la DEA y el FBI, en los EEUU; asesinado en McAllen, Texas, en Febrero del 2003.

La política antidrogas de los EU, impuesta en América Latina, logró, entre otras cosas, debilitar a muchos de los gobiernos de la zona, corrompiendo sus instituciones, normalizando la violación a los derechos humanos, mediante una retórica moralista y represiva.

Desde el “just say no” de Nancy Reagan hasta hoy, cuarenta años después, las creencias se han derrumbado y la evidencia es apabullante, vidas, familias, comunidades y Estados completos han sido profundamente dañados por una visión reactiva que ha provocado que los ciudadanos nos percibamos temerosos y atrapados entre las fuerzas del crimen y las fuerzas del Estado. A pesar de los billones de dólares estadounidenses, gastados en esa guerra, el tráfico de drogas se ha convertido en una industria global de $300 a $400 mil millones de dólares.

Científicos, filósofos, sociólogos, movimientos sociales, ex presidentes, una parte importante de la sociedad y hasta la ONU, que en el principio había apoyado la visión violenta, han acumulado evidencia suficiente para demostrar que la perspectiva tenía que cambiar. Esta semana, aún cuando todavía se opone a la legalización, Barack Obama plantea nuevos objetivos en la materia: reducir 40% el narcotráfico, interrumpiendo los flujos de dinero, drogas y precursores; y disminuir el consumo en su país (15% entre los jóvenes, en cinco años).

Aunque este cambio pudiera proyectar alguna esperanza para quienes sufren la violencia del crimen y los excesos de los representantes de la fuerza del Estado, nada garantiza que los cambios discursivos del presidente Obama vayan a tener efectos reales en el corto plazo. Los destinatarios de los enormes presupuestos de la guerra al narcotráfico, no se quedarán de brazos cruzados, tengamos la certeza de que harán, como lo han hecho, lo indecible para mantener su status quo.

Así nos lo deja ver el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, quien se refirió a la estrategia de Obama en los siguientes términos: “Yo creo que no se puede establecer una valoración en el corto plazo. Estas cuestiones se tienen que ver en el mediano plazo”. En el mismo sentido va el presidente Calderón que, durante la inauguración de la XV Olimpiada Nacional, en Guadalajara, dio muestras de no querer cambiar su discurso, insistiendo en la guerra contra las drogas.

Es momento, para la sociedad civil, de reforzar el enfoque científico y promover soluciones sensatas, apartadas de los prejuicios morales. ¿Acaso no es suficiente la evidencia?: muertos por miles, violencia en aumento, narcopolicías, narcojusticia, narcopolíticos, narcoempresarios, mayor consumo, violaciones de nuestras garantías constitucionales; ¿qué más tendría que ocurrir para reconsiderar el rumbo?

Al menos, nuestro vecino del Norte ya no servirá de pretexto.

F. Crisóstomo.

Nota: Mejor política social, menos balas.

1 Response to “ENTRE CREER Y SABER”


  1. 1 Juan Carlos Varas mayo 17, 2010 a las 12:33

    Insistimos en darle tratamiento a la lucha antidrogas como un asunto policiaco, claro, con la intervencion militar (limitada e injusta para quienes luchan por nosotros). Creo que el problema es de educacion, control de finazas y lavado de dinero y ya no puede ser una lucha, esto debe ser declarado una guerra por la capacidad de fuego del enemigo, sus redes de logistica y adoctrinamiento y sobre todo por que ya representa una amenaza a la seguridad nacional y afecta directamente a la poblacion civil.

    Hacer de lado los derechos humanos que han obstaculisado las acciones tàcticas y estrategicas de combate, dando una limitada capacidad de intervencion a nuestras fuerzas armadas.

    Paralelo a esto, escudrones de la muerte que limpien a la sociedad de delincuentes reinsidentes, acciones juridicas que realmente juzguen en su exacta magnitud los crimenes de guerra que sicarios cometen en contra de la poblacion civil, carceles federales en islas del pacifico que impidan las tan comunes incurciones armadas para rescatar ampones, y limiten su capacidad de control y organizacion estrategica que se origina en el ceno de nuestros penales. donde pueden operar con seguridad e impunidad.

    Perdon por lo dràstico, pero a grandes males soluciones iguales.


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