ESPADA Y HONOR

Esta espada (la espada flamígera de los Masones) no posee vaina
por varios motivos: (…) por representar a la Ciencia
y a las Virtudes, éstas deben estar al alcance de todos.
ESCRITO MASÓNICO.

El pico del águila cayó sobre mi cabeza, el dolor me recorrió completo, haciéndome uno con el dolor de la Tierra, esa que siempre está de parto. Conforme el dolor se desvanecía, un suave hilo cálido, de rojo alivio, escurrió por mi frente; solamente alcancé a escuchar la última parte de la frase “… te nombro caballero”. Cuando el arma fue depositada en mis manos recordé las palabras de mi abuelo: “no me uses sin justicia, ni me envaines sin honor”.

Antes de llegar a aquel momento, mi cuerpo había sido sometido al cansancio hasta casi desfallecer y mi espíritu había sido retado a soportar la humillación, hasta dejarme ver el gusano que podría habitar mis adentros, al que yo debería obligarme a dominar por todos los días de mi vida; la primera guerra se libraría dentro de mí, por siempre.

El arma era solamente un simbolismo del poder del caballero, el poder de las virtudes; el único poder que puede destruir al mal y preservar la justicia, el que sólo se alcanza desterrando la ignorancia y, por tanto, la mentira.

Mal estamos cuando, por miedo, damos armas a aquellos a los que no podemos causar vergüenza, por no haber sido educados en el honor; cuando, en nombre del prestigio de las instituciones, comprometemos el honor de los hombres, obligándolos a mentir, a acusar falsamente, a sembrar evidencias, para justificar los errores (o aparecer en los medios) con el ánimo de llenar las alforjas de falso prestigio.

Dicen que las armas de fuego trajeron esta deshonra, porque los oponentes ya no se pueden ver a los ojos. Yo digo que la deshonra vino con la fragilidad de espíritu de los hombres a los que damos las armas para defender los valores nacionales.

Y, no nos equivoquemos; no hablo aquí solamente de los soldados o policías que portan las armas de fuego; hablo de los maestros, de los jueces, de los legisladores, que portan las armas del conocimiento, la ley y la justicia; naturalmente, también hablo de los hombres que ostentan el poder político y que aún no llegan a avergonzarse de su, más que evidente, precariedad; hablo de los niños y jóvenes, que ya nada sienten cuando entonan el himno nacional o ven ondear su bandera, tal vez porque “futuro”, para ellos, solo sea un tiempo gramatical; hablo de nosotros, los viejos, que deberíamos caer de rodillas y pedir perdón por habernos dejado hundir por la piedra de la apatía, hasta este estado de cosas.

“No se hizo la miel para la boca del asno”, reza un dicho popular; nada pueden significar los altos conceptos de justicia social o estado de derecho, cuando salen de una boca que no está respaldada por una inteligencia empática y congruente; de igual modo pierden su significado la calidad y la competitividad, cuando los liderazgos empresariales no sustentan sus certificados en valores y principios.

En estos tiempos, da miedo escribir o hablar sobre principios o valores, pues se corre el riesgo de ser tildado de anacrónico o utópico; lo verdaderamente utópico es creer que, sin ellos, alcanzaremos estadios sociales de armonía y justicia; lo verdaderamente anacrónico es creer que, abandonados al capitalismo salvaje, desterraremos la pobreza y la ignorancia; hemos acumulado años de evidencia empírica suficiente, para reconocer que se necesita un cambio de rumbo; necesitamos ciudadanos empoderados que, lejos de someterse a la democracia del voto, construyan el entramado institucional que evite que quienes ostenten el poder o las armas nos causen más daño que beneficio.

Ármese de valores, lea, hable, escriba sobre ellos y comprométase a actuar por ellos; enfrente su gusano interno, recupere el honor, siéntase orgulloso de ser un caballero o una dama y no deje de sonreír, pues no será fácil, pero, no hay alternativa.

 

F. Crisóstomo.

 

Nota: Para mi abuelo, que me enseñó que México no se dice, se hace.

2 Responses to “ESPADA Y HONOR”


  1. 1 Luis Figueroa junio 14, 2010 a las 12:36

    Gracias Fermin, por tus enriquecedor esfuerzo.

    Un saludo y espero tener el gusto de verte pronto

    Luis

  2. 2 Luis Gonzalez del Rio agosto 14, 2010 a las 19:47

    Es dificil reconocer y lo digo como padre de tres, que mucho de los valores que a mi me inculcaron, quizà por temor a ser llamado cursilon o anticuado se los transmiti a mis hijos de una manera tibia,me hubiera gustado ser màs agudo y darles una vision màs amplia de la ètica de mi època, no me puedo quejar porque son buenos muchachos màs por sus sentimientos que por principios. Tuve la fortuna de tener muchos maestros verdaderos que a diferencia de muchos que conozco actualmente eran maestros de vocaciòn.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s





A %d blogueros les gusta esto: