MEZQUINDAD

“Ya se oyen las campanas a vuelo, el ruido ensordecedor de las mil bocas de fuego que hacen salvas, que no son más que manifestaciones ultrajantes a nuestra miseria los ritualescos ampulosos de altos personajes, mofletudos los más, en los que se habla de libertad, de confraternidad, de unión, de humanidad… de todo, lo que muy pocos de ellos sienten, de lo que muy pocos de ellos practican, aunque sea por vanidad.”

El texto de arriba pudo haber sido escrito ayer; en realidad apareció en la edición del Diario del Hogar, del Lunes 22 de Agosto de 1910; en él se puede apreciar un manifiesto desprecio a las celebraciones del centenario de la independencia; ¿confirma esto que los mexicanos somos mezquinos, tal como lo ha afirmado el Secretario de Educación Pública? o ¿es un indicio de que hay algo que desde entonces no ha cambiado?

Recientemente, ante las críticas a los festejos del centenario y bicentenario, el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, se manifestó en los siguientes términos: “Esto revela todo un estado de ánimo y a veces una mezquindad en la relación entre los mexicanos”. Si pone usted atención a las referidas críticas, encontrará que la mayoría rechaza el evidente dispendio que implican los festejos: 2 mil 971 millones 600 mil pesos. Sin duda, en el contexto de las carencias que nos abruman, la erogación resulta, a todas luces, insultante.

En el ánimo de las actuales críticas, igual que en el texto de 1910, se puede percibir una sensación común: la impotencia de los ciudadanos, a doscientos años de nuestra Independencia y a cien años de nuestra Revolución, aún no podemos evitar que las decisiones de nuestros gobernantes nos afecten tanto.

En las respuestas de nuestros funcionarios se advierte desesperación, tanto Felipe Calderón afirmando que “Tenemos una (…) sociedad desorganizada”, como Alonso Lujambio refiriéndose a nuestra supuesta “mezquindad”, dejan ver evidentes intentos por desplazar la carga: es más fácil decir que la sociedad está desorganizada, que asumir los resultados de la guerra; es más fácil decir que los mexicanos somos mezquinos, que justificar el dispendio.

En los próximos días, en medio del espeso caldo del ampuloso ritual, podrá usted ver a mofletudos personajes departiendo en opíparos y mexicanísimos banquetes, mientras intercambian ideas acerca de la economía, de la justicia, de la seguridad, de la educación y de tantos otros ultrajantes reflejos de nuestra realidad. Tal vez, entre las multitudes pueda usted distinguir a homófobos y lesbófobos cardenales, fundidos en la celebración de nuestra diversidad con  “maiceados” ministros (Sandoval dixit); tal vez, también pueda usted atestiguar algún brindis donde izquierdas y derechas se toquen y trastoquen en el festejo de licenciosas alianzas electoreras; seguramente abundarán las reminiscencias de un pricámbrico autoritario que no hemos logrado extinguir.

No obstante, sí hay mucho que celebrar: ya no somos esa clase de sociedad ignorante que responde irreflexivamente al llamado de mesías alguno; comenzamos a abandonar los altares donde se adoraba al inmovilismo decadente; en nuestras leyes y en nuestros hechos, la tolerancia se manifiesta como divisa de nuestra convivencia; nos alejamos poco a poco de la idolatría y nuestra nueva fe se deposita en la racionalidad y en la responsabilidad sobre nuestros propios actos.

Celebremos entonces que los héroes independentistas y revolucionarios fueron tan mundanos como cualquiera de nosotros y que el plomero, el pesero, el ambulante, el guardia de seguridad y todos los demás son tan héroes como aquellos.

A todos aquellos que pretenden pintar de belicismo el festejo de nuestras libertades y que persisten en la creencia de que nuestros problemas se resolverán con balas, habrá que pedirles que afinen la puntería de sus reflexiones, pues la ambición perniciosa de los que escatiman impuestos, tanto como el dispendio de quienes los administran, son las causas de la mayoría de nuestras desgracias.

¿Dónde, entonces, están la desorganización y la mezquindad?

A la hora de los brindis, a Alonso Lujambio hay que recordarle que, en sus orígenes, la palabra mezquino significa súbdito de palacio.

 

F. Crisóstomo.

2 Responses to “MEZQUINDAD”


  1. 1 Luis Gonzalez del Rio agosto 23, 2010 a las 22:16

    Tradicionalmente los politicos se gastan nuestro dinero a placer algo tiene que pasar en nuestro Mèxico para que esto deje de suceder.El cardenal esta transgrediendo una ley que le impide meterse en politica y acusa sin pruebas (o por lo menos no las ha presentado) y ni siquiera lo han acusado de nada.Que derecho le permite hacer esto no lo entiendo.

  2. 2 TOÑO RODRIGUEZ OLVERA agosto 24, 2010 a las 15:09

    RESPECTO AL ORIGEN DE ESTE TEMA. ES DECIR LA CRITICA AL GASTO DE 2,971 MILLONES DE PESOS (ALGO ASI COMO 240 MILLONES DE DOLARES)SIN DUDA ES ELEVADO (ALGO ASI COMO 28 PESOS O 2.2 DOLARES POR MEXICANO) PERO EN RELACION A QUE.
    TENGO ENTENDIDO QUE LAS RESERVAS MONETARIAS DE NUESTRO PAIS SUPERARON LOS 106,000 MILONES DE DOLARES.
    LA IDIOSINCRACIA DEL MEXICANO ES LA DE FESTEJAR EL NACIMIENTO, EL BAUTIZO, LA PRIMERA COMUNION, EL MATRIMONIO, EL CUMPLEAÑOS, LAS BODAS DE PLATA, LAS DE ORO (HAY MAS), LA FIESTA DEL PUEBLO, ETC.
    AHORA ¿CUANTO HUBIERA SIDO LA CANTIDAD CORRECTA? ¿2000? ¿1500? ¿O 1000? YO CREO QUE DE CUALQUIER MANERA HUBIESE RECIBIDO EL GOBIERNO CRITICAS AL RESPECTO.
    YO, POR LO PRONTO, ME DISPONGO A PARTICIPAR EN ALGUNA DE ELLAS, A ASISTIR EN OTRAS Y A VERLAS EN ALGUNAS MAS. SALUDOS.


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