RESILIENCIA II

Alicia: Ah, pero qué disparate. Las flores no hablan.
La rosa: Por supuesto que hablamos, querida.
Orquídea: Sí alguien es digno de nuestra atención.
Margarita: Soltamos la lengua.
Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll.

De acuerdo con lo dicho en la entrada anterior, el riesgo es un componente del orden natural; su eliminación, en nuestras organizaciones, si fuera posible, induciría perturbaciones en el desarrollo; las organizaciones de negocios son sistemas complejos, operando en un entorno caótico, pleno de perturbaciones emergentes, por lo que conviene dar una vuelta por teorías tales como la Complejidad, el Caos y los Sistemas Emergentes.

Seguramente usted ha escuchado, alguna vez, que tal o cual organización “muestra signos de gran vitalidad”, o que aquél partido político “está agonizante”, o que aquel sindicato “se niega a morir”; sí, es un hecho que solemos referirnos a las organizaciones como si fueran organismos vivos, incluso es posible encontrar algunas donde se elevan plegarias por su salud. No es nuestra intención plantear una polémica respecto de si una organización es, o no, un organismo vivo, en realidad, solamente trataremos de descubrir aquellas características de los sistemas vivos que, estando presentes en nuestras organizaciones, nos ofrezcan ventajas para el estudio y la gestión del riesgo y la seguridad.

En la cronología del pensamiento administrativo podemos encontrar la tendencia, casi natural, hacia la perspectiva sistémica: en un principio, la organización fue concebida como un sistema hombre-máquina, privilegiando a la máquina y provocando que el hombre se situase como parte de ella; luego, se percibió la influencia de la relación del trabajador con su entorno físico y social inmediatos como factor de mejora del desempeño del sistema; en seguida, surgió la apreciación de que el sistema debería incluir -además de al hombre, la máquina y el entorno físico- a las decisiones; así, el entramado de relaciones y componentes impulsó al pensamiento administrativo a considerar la necesidad de utilizar herramientas matemáticas para la solución de problemas -como en la investigación de operaciones-; no obstante, a pesar de que la cantidad y calidad de las variables, consideradas en la administración, fueron creciendo, persistía un enfoque de la organización como sistema cerrado, ignorando factores y variables propias del entorno; la perspectiva de la organización como sistema abierto ha derivado a considerar a las organizaciones no solamente como sistemas vivos sino también inteligentes.

Mientras fenece el viejo paradigma del palo y la zanahoria, en la práctica administrativa se fortalece el paradigma de la teoría de sistemas aplicada a la administración, sobre todo, porque se ha comprendido la semejanza, en el comportamiento, entre los sistemas vivos y las organizaciones. Arturo Rosenblueth, Norbert Wiener y Julian Bigelow, en Philosophy of Science (1943), nos arrojan luz sobre esas semejanzas, desde una perspectiva conductista. Mediante una clasificación, basada en el comportamiento de los sistemas, nos ayudan a comprender en qué grado nuestra organización puede considerarse viva. Primeramente, definen lo que se entiende por comportamiento de los sistemas: “cualquier cambio de una entidad con respecto a su entorno”.

Luego, inician una clasificación, determinando si el sistema es activo o pasivo. Se considera activo al sistema que participa en la producción de la energía necesaria para una reacción específica; como el caso de la amiba, que metaboliza insumos para producir la energía necesaria para su desplazamiento. Se considera pasivo, cuando la energía requerida es totalmente un insumo, como el caso de una piedra.

Un sistema activo puede dividirse en: intencional y no intencional. Entendiendo como intención la actividad voluntaria, más que las acciones emprendidas para alcanzar un estado final. Por ejemplo, el comportamiento de las agujas de un reloj, puede ser considerado no intencional, pues no existe un estado específico que deban alcanzar, en cambio, la amiba siempre se moverá en busca de un mejor entorno para su desarrollo.

Si un sistema es activo y tiene intención entonces podemos clasificarlo en: teleológico y no-teleológico; entendiendo por teleológico al sistema que utiliza la retroalimentación negativa para alcanzar sus fines, esto es, que el sistema ajusta su comportamiento de acuerdo con las señales que recibe, respecto del estado que guarda en relación a su meta. Llevar un vaso de agua a la boca es una conducta teleológica, por el contrario, el dial del volumen de una radio, aún cuando puede modificar la intensidad del sonido, no es teleológico, pues no recibe señal de la intensidad (no escucha), ni tiene determinada una intensidad meta. El comportamiento teleológico determina la eficacia del sistema, principalmente cuando la meta no es estática.

El comportamiento activo, intencional y teleológico puede ser subdividido en: predictivo y no predictivo. Un portero de futbol soccer, no se lanza hacia el lugar donde sus ojos le indican que se encuentra el balón, en un determinado momento, sino que lo hace hacia el lugar en que predice que va a estar en un momento futuro; más compleja es la predicción de un cazador, al disparar a un ave en vuelo, pues debe predecir la trayectoria del ave, además de la trayectoria del proyectil; mucho más compleja sería la predicción, si, para lanzar el proyectil, tuviera que usar una resortera, en cuyo caso tendría que predecir, también, el movimiento de la resortera. Así pues, la calidad de las predicciones que un sistema es capaz de realizar es una importante característica distintiva de los sistemas vivos. La calidad del comportamiento predictivo se refiere, entonces, a la capacidad de responder a los cambios en el espacio y el tiempo. Es posible que la característica distintiva entre el hombre y otros mamíferos, sea el orden cualitativo de su comportamiento predictivo.

Una serie de preguntas puede ayudarnos a entender si nuestra organización puede ser percibida como un sistema vivo:

¿Es, su organización,…

… un sistema activo?: si la energía que mantiene su dinámica es resultado de sus propios procesos, la respuesta es afirmativa.

… un sistema intencional?: si mantiene la voluntad de satisfacer los requisitos de las partes interesadas, la respuesta es afirmativa.

… un sistema teleológico?: si, además de definir sus objetivos, mantiene mecanismos de retroalimentación negativa que le permiten ajustar su comportamiento, de acuerdo con la dinámica de su mercado, entonces la respuesta será afirmativa.

… un sistema predictivo de alto orden cualitativo?: si su organización se limita a seguir modelos, la calidad de sus predicciones será como la de un sabueso siguiendo la huella de su presa; si su organización se ocupa de incrementar la calidad de los mecanismos de recopilación, recuperación, análisis de información, así como de mantener respuestas ágiles, entonces la calidad de su comportamiento predictivo será de un orden superior y su organización podría ser considerada como un sistema vivo.

Continuará …

F. Crisóstomo.

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