RESILIENCIA VIII

Al que una vez perdió el crédito, nada le queda que perder.
Séneca.

Para comprender mejor la perspectiva de las organizaciones como sistemas vivos, conviene aquí revisar un concepto: La autopoiesis.

Se dice que para que un sistema pueda considerarse vivo debe satisfacer dos criterios: ser autopoiético y que un observador lo distinga en el dominio molecular. El segundo criterio es fácil de comprender: el sistema debe ser una realidad en el espacio físico. El primer criterio significa que el sistema debe conformar una red de producciones moleculares en las que las moléculas producidas generan, con sus interacciones, la misma red que las produce. En otras palabras, autopoiesis significa que el sistema sea capaz de fabricarse a sí mismo permanentemente.

A pesar de que las organizaciones, al crecer, muchas veces replican sus estructuras funcionales (sucursales, departamentos, franquicias, etc.), no es sencillo asegurar que una organización produce pedazos de sí misma. No obstante, sí podríamos concebir a la ORGANIZACIÓN como un sistema autopoiético; no se trata de pensar en que una ORGANIZACIÓN es autopoiética por el hecho de que puede reconstruir o multiplicar sus activos (esto solo hablaría de cierto tipo de acumulación) ni por multiplicar el número de empleados (encontraremos que la eficiencia tiende a reducirlos), me parece que, en el fondo, así como los sistemas vivos se materializan en el dominio molecular, las organizaciones existen en el dominio de la confianza: se gestan sobre la confianza en una idea, nacen de la confianza de los inversionistas y acreedores, crecen con la confianza de los clientes y proveedores, persisten conservando y aumentando la confianza del Estado y del mercado, mueren cuando pierden la confianza de las partes interesadas.

Cada parte interesada tendrá mayor o menor confianza en que sus intereses serán satisfechos por la ORGANIZACIÓN: el banco y el proveedor tienen confianza de que recibirán el pago de sus créditos, el empleado tiene confianza de que sus salarios serán pagados, el estado tiene confianza de que la ORGANIZACIÓN cumplirá las normas; conforme la ORGANIZACIÓN satisface los requisitos de las partes interesadas, atrae la confianza de otros y gracias a ello asegura la continuidad de su operación.

Esta afirmación resulta cierta en el ámbito de las organizaciones tradicionales, donde hay empleados, estructuras jerárquicas, infraestructura, pero, también lo es, especialmente, en el de las organizaciones de colaboración emergentes, como FLICKR, WIKIPEDIA, TED y otras. Así pues, podemos afirmar que una organización es un sistema autopoiético, no en el ámbito molecular sino en el ámbito de la confianza y del prestigio. Resulta obvio decir que es más fácil transformar el prestigio en recursos e insumos que lo contrario.

Ante estos argumentos es posible despojar al concepto de riesgo de su inherente eventualidad y reactividad, el verdadero riesgo para nuestras organizaciones se centra en la pérdida de la confianza de sus partes interesadas, y ésta no necesariamente responde a un evento abrupto sino, tal vez, a patrones emergentes que paulatinamente acumulan tensiones en las relaciones de nuestra organización con su entorno.

Aquí es donde adquiere sentido la parábola de la rana hervida:

Si, en un caldero de agua hirviente, lanza usted a una rana viva, ésta tratará de salir de un salto; No obstante, si, a la misma rana, la colocará usted en el mismo caldero con agua a temperatura ambiente, ella seguramente nadaría; si la temperatura del agua se fuera incrementando poco a poco, tal vez, llegaría el momento en que ella se sentiría confortable y se relajaría, mientras el agua paulatinamente iría alcanzando la temperatura de hervor; entonces, tendríamos una rana hervida.

La parábola ilustra que los sistemas vivos están bien preparados para reaccionar a cambios abruptos, pero, muy mal preparados para perturbaciones que se incrementan paulatinamente. Es posible que esa característica la heredemos a nuestras organizaciones, al fin y al cabo son construcciones nuestras.

Esta es, probablemente, la razón por la cual la comunidad de negocios impulsa iniciativas de certificación de buenas prácticas que se relacionan en su mayoría con la seguridad, en otras palabras, con la certidumbre. Todos queremos relacionarnos con organizaciones que nos brinden la certidumbre de que en el mediano y largo plazos:  protegerán el medio ambiente (ISO 14000); promoverán un ambiente seguro en términos de salud e higiene en los espacios de trabajo (OSHA 18000); promoverán la seguridad en términos de inocuidad en los procesos de producción de alimentos (ISO 22000); reducirán el riesgo en los procesos de manejo de información (ISO 27000); brindarán certidumbre a nuestros socios comerciales respecto del manejo seguro de nuestros procesos logísticos (ISO 28000, BASC, CTPAT); generarán confianza a nuestras partes interesadas respecto de nuestra preparación para asegurar la continuidad operacional, ante perturbaciones severas (ASIS SPC1.2009).

 

Continuará…

 

F. Crisóstomo.

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