RESILIENCIA IX

Mientras las ramas se pelean, las raíces se abrazan.
Frase africana.

 Bajo condiciones de hipercompetitividad e hiperturbulencia, las organizaciones no pueden contar con que saldrán ilesas. En producción, por ejemplo, se ha adoptado el objetivo de cero defectos, en la gestión de riesgos el ideal sería gestionar un ambiente de cero traumas (NO DE CERO PERTURBACIONES), lo que significaría enfrentar las perturbaciones sin sorpresa, sin convulsiones, sin suspensiones operativas. Esto hace indispensable incorporar la resiliencia a la gestión estratégica.

La resiliencia es un concepto utilizado en ingeniería para describir una característica de los materiales, se ha trasladado a la psicología individual, a la ecología social y a la gestión de negocios con un éxito rotundo. En cierto grado, cada material es capaz de recuperar su estado original después de una deformación; algunas personas tienen mayor capacidad para superar adversidades y recuperarse de eventos traumáticos; los ecosistemas muestran una mayor o menor capacidad para rehacerse frente a fenómenos desastrosos, ya sean naturales o artificiales. Lo que podríamos denominar organizaciones o empresas resilientes, son aquellas capaces de persistir, a pesar del ambiente de hipercompetitividad e hiperturbulencia, imperantes en la actualidad, manteniendo su identidad en el prevaleciente escenario de hiperconectividad.

De estas afirmaciones parece surgir una paradoja: “cambiar manteniendo la identidad”; para desenredarla, me referiré al libro “Los Dragones del Edén”, escrito por Carl Sagan, donde nos explica la evolución del cerebro humano, planteando la teoría del cerebro Trino.

La teoría nos indica que el cerebro humano ha evolucionado por superposición o adición, preservando estructuras preexistentes. En nuestro cerebro pueden localizarse tres capas: Complejo R, Sistema Límbico y Neocórtex; el complejo R, afirma, es una estructura presente también en los mamíferos y en los reptiles y pudo haberse desarrollado varios cientos de millones de años atrás; el sistema límbico es una estructura superpuesta a la anterior, misma que está ausente en los reptiles, pero compartimos con los mamíferos, y que pudo haberse originado hace unos ciento cincuenta millones de años; finalmente, el Neocórtex es una estructura ausente en los mamíferos inferiores y en los reptiles, característica de los mamíferos superiores y los primates, probablemente agregada unas decenas de millones de años en el pasado.

Lo que subyace en esta teoría es que la evolución no puede producir nada nuevo ni mejor, en tanto altere la estructura profunda del sistema vivo; es decir, que no es posible evolucionar si se pone en peligro la estructura funcional básica del sistema.

Si me trasplantan un riñón o un corazón, yo sigo siendo “yo”; No obstante, aunque no sabemos que se haya logrado aún, si me trasplantaran un cerebro, es muy probable que yo perdiera mi identidad. Así pues, la resiliencia debe mantener como premisa fundamental la conservación de la identidad del sistema, por lo que, en el caso de nuestras organizaciones, la construcción de un sólido sustrato cultural es la primera manifestación de su resiliencia, es decir, de su capacidad de persistir por sobre las perturbaciones. Por sobre el sustrato cultural de la organización es posible agregar una gran diversidad de subsistemas que faciliten su adaptación a la dinámica del entorno y asegure su pervivencia, evolución y trascendencia. Más delante volveremos al tema de la cultura organizacional como factor de la resiliencia.

Aunque Sistemántica (el texto de John Gall) no logra ser considerado como un trabajo científico serio, pues, se propone como una parodia desde su título, compuesto éste por un juego de palabras entre “semántica” y “antics” (vocablo inglés que significa travesura, refiriéndose a los comportamientos erráticos de los sistemas), algunas de sus leyes sí pueden ayudarnos a consolidar lo aquí explicado:

PRIMERA LEY DE LA SISTEMÁNTICA.- Está demostrado que un sistema complejo, que funciona, se ha creado siempre a partir de un sistema simple que funciona.

SEGUNDA LEY DE LA SISTEMÁNTICA.- Un sistema complejo diseñado partiendo de cero, no funciona nunca y no se puede modificar para que funcione. Hay que volver a empezar, partiendo de un sistema sencillo que funcione.

 

Continuará…

F. Crisóstomo.

 

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