NECROFILIA Y SEGURIDAD

Yes, 'n' how many deaths will it take 
till he knows that too many people have died? / 
¿Cuántas muertes más serán necesarias 
para darnos cuenta de que ya han sido demasiadas?. 
Bob Dylan.

 ¿Por qué, en tanto más nos esforzamos por la seguridad, más inseguros nos sentimos?; ¿por qué hemos llegado a colocar la seguridad por encima de valores tan importantes como la libertad o la tolerancia?; tal vez deberíamos comenzar por tratar de entender lo qué es la seguridad.

Jorge Tello Peón, quien, entre otros importantes cargos, ha fungido como Asesor en Seguridad Nacional de la Presidencia de la República, escribió un artículo denominado “La seguridad pública en México. Síntesis social”, donde nos aclara que “La seguridad absoluta no existe (…) La seguridad plena (objetiva) es un ‘sueño de la razón’”; lo cual no es una mala noticia, porque, cuando pones a la seguridad en el centro de tu vida: te aferras a los espacios conocidos, dejas de aventurarte; te aferras a creencias que te protegen de la duda, que te brindan certidumbre; cierras tu mente a nuevas experiencias, a nuevas maneras de ser y de hacer; endureces tu identidad, te encajonas en un “nosotros”, para sentirte a salvo de “los otros”; te achicas, te congelas, te paralizas, dejas de cambiar, de evolucionar; y todo ello no te hace sentir más seguro, sino que te deja más vulnerable a la manipulación. En ese momento, será más fácil convencerte de que: evites reunirte con los diferentes, a los que terminas calificando como enemigos; evites ir a determinados lugares; evites tener cierta clase de pensamientos; luches contra enemigos que ni siquiera conoces; te atrincheres en tu espacio físico y de pensamiento. Luego, comenzarás a ver el mundo en blanco y negro, sólo existirán los buenos y los malos, los ángeles y los demonios, los criminales y las víctimas. Entonces, estarás más dispuesto a obedecer, a hacer lo previsto, a encajar sin roces en los modelos sociales que te son propuestos.

Este es el momento en que la necrofilia, que siempre ha estado al acecho, te asalta y te obliga a vivir mecánicamente, a tratar de controlarlo todo, a perder la capacidad de ser sorprendido y a intentar transformar tu entorno en algo absolutamente predecible. Pero, a tu alrededor, los que sienten como tú se multiplican, se tornan egoístas en la convivencia, soberbios en sus pensamientos, codiciosos con las posesiones, violentos y destructivos. ¿Será por ello que te sientes más inseguro?, ¿cómo, entonces, revertir la situación?

Ha sido, probablemente, tu mente la que, afanada en protegerte, te ha aislado del dolor de los demás, te ha hecho ignorar tu compasión y tu empatía, fijando un marco binario del mundo que no te permite sentir el dolor ajeno, llorar a los muertos, morir un poco con cada uno de ellos y renacer de la pérdida. La seguridad llegará cuando dejes de pretender que la muerte no existe, cuando dejes de huir del dolor (propio y ajeno), cuando te confieses tu propia ignorancia, cuando tu deseo de dominar ceda ante tu deseo de conectarte con los demás, cuando seas capaz de tolerar y gozar la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad; cuando abandones la ilusión del control, como cuando se afloja la rienda de la montura y cuerpo y mente se aprestan a adaptarse continuamente a los vericuetos del camino, sin dejar de disfrutar el viento, los olores y colores y los latidos del corazón.

En tanto no lo logres, serás fácil víctima de los necrófilos de las ideas, de aquellos que aman ideas muertas, de aquellos, cuyas concepciones de mundos ideales (o correctos), en su errar, confunden entre propios y extraños, entre fines y medios, y traducen sus errores en miles y hasta millones de muertos o de aquellos que aún niegan la validez de la teoría de la evolución biológica, que criminalizan la enseñanza de la ciencia y que creen que el exterminio de los diferentes es el único camino para conseguir el orden que solamente es posible en sus desquiciadas mentes.

Afortunadamente, poseemos una sólida cultura, que nos protege de ese tipo de modelos; nuestra celebración de muertos, es una forma de aceptar humildemente nuestra personal vulnerabilidad, recuperar el dolor de nuestras pérdidas y utilizar esa energía para encender, con ella, el desmadre, esa dinámica que es esencial en nuestra defensa contra la necrofilia de muchos de nuestros líderes. Nuestros altares de muertos, y toda la fiesta que los acompaña, no son simples tradiciones de supersticiosos ignorantes, como algunos “modernos” pretenden, son sabiduría popular que ha logrado dotar, a nuestro pueblo, de la resiliencia suficiente para resistir y recuperarse, una y otra vez, ante los desastres sociales provocados por la necrofilia de unos cuantos.

Entre pan de muerto y calabaza en tacha, no olvide dejar escapar una lagrimilla por nuestros muertos; deje escapar un ¡ay! de dolor empático con los que hoy los extrañan en casa; sin importar si eran buenos o malos, déjese morir con ellos, aunque sea un poquito…

…verá que mañana se sentirá un poquito menos inseguro.

 

F. Crisóstomo.

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