¿Está usted seguro?

Nadie debería ser nombrado para una posición directiva si su visión se enfoca sobre las debilidades, en vez de sobre las fortalezas de las personas. Peter Drucker.

¿Qué me dice Peter Drucker en esa frase?

Imagine, por favor, que usted puede entrar en la mente de un líder y se encuentra usted rodeado del cúmulo de pensamientos que la habitan; imagine que usted encuentra que el espacio está dominado por criterios maniqueos, por pensamientos de sospecha, de temor a las debilidades morales de las personas: el líder teme que sus subordinados sean egoístas, envidiosos, ambiciosos, ladrones, traidores, chismosos. Imagine, ahora, que entra en la mente de un líder distinto, encontrándose rodeado de aspiraciones de que sus subordinados adquieran habilidades, mejoren sus destrezas, integren y desarrollen conocimiento, amplíen su confianza y compromiso con la organización.

¿Qué clase de decisiones producirían esas mentes?

Es muy probable que, en el primer caso, se decida aumentar los controles, en un intento por lidiar con la desconfianza, aumentando con ello los costos y las castas burocráticas, reduciendo, por consecuencia, los flujos de recursos hacia los procesos productivos. En el segundo caso, las decisiones se orientarían a desarrollar confianza, fortaleciendo las individualidades y los nexos que conforman el caudal por el que transcurren los esfuerzos hacia los objetivos.

Hoy puede usted leer, en varios periódicos nacionales, que México ocupa el primer lugar en violencia física, abuso sexual y homicidios de menores de 14 años, entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En días pasados leímos que menos de la mitad de nuestros niños mexicanos pueden abrigar la esperanza de llegar a la educación media superior alrededor de los 15 años de edad. Según la encuesta del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en 2008, de 20 millones de hogares con población entre 0 y 17 años, 1.6 millones (8%) presentó reducción en la ingesta de alimentos y hambre; en 2009 la cifra se disparó hasta 3.4 millones (17%); el número de hogares con pleno acceso a la alimentación cayó de 53% a 43%; el porcentaje de hogares que declaró que algún niño había comido menos de lo que debería pasó de 14% a 26%.

Con estos datos en la mano, un líder del primer tipo se sentiría aterrado, su confianza en el futuro se vería sumamente disminuida, establecería controles para evitar que las precariedades futuras vulneraren sus intereses, invertiría en las formas de contención y represión (Armas, policías, cárceles, etc.). Pero un líder del segundo tipo, vería las brechas y enfocaría sus aspiraciones a reducirlas.

Hoy, me encuentro con organizaciones privadas, incluso algunas muy prestigiosas, que, contagiadas del terror, destinan importantes recursos a la aplicación de controles de confianza a sus empleados, pero, al mismo tiempo, muestran reticencia a los proyectos de inversión en el desarrollo y retención de talentos, así como en la mejora de la competencia laboral.

¿Qué clase de liderazgos nos encabezan?, ¿a dónde nos llevarán?, ¿podemos comprometernos para seguirlos?; Usted, ¿Qué clase de líder está siendo?

Hoy amaneció haciendo frío en la Ciudad de México, las baldosas de mi baño me trajeron un recuerdo infantil; en mis años de primaria, hubieron días fríos; con apenas una chamarra ligera acudía yo a la escuela, mi amigo Carlos, asistía sin zapatos. Uno de esos días, en el recreo, explorando nuestros mundos, le presté mis zapatos; ambos quisimos saber qué se sentía en los pies del otro, simple curiosidad. Tiempo después, Carlos dejó de asistir a la escuela, no nos hemos vuelto a ver. Donde sea que él esté, estoy seguro de que a ambos, cada pisada de un niño descalzo, nos sigue doliendo en la piel del alma.

 

F. Crisóstomo.

 

NOTA:

Si nada sobra, nada falta: hay comida,

Tienes un techo, ropa limpia,

Cuadernos de dibujo, libros, juguetes.

Por un azar incomprensible te tocó en suerte nacer

del otro lado de la muralla, en los márgenes.

Pero de cualquier modo no te baña la lluvia,

no sufres hambre,

cuando te enfermas hay un médico, eres querido

y te esperaron en el mundo.

Son muchos los privilegios que te cercan y das

por descontados. Sería imposible

pensar que otros no los tienen.

Y un día

te sale al paso la miseria. La observas

y no puedes creer que existan niños

sin pan, sin ropa, sin cuadernos, sin padre.

Te vuelves y preguntas por qué hay pobres.

Descubres que está mal hecho el mundo.

Jardín de niños, José Emilio Pacheco.

 

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