PARADOJA

Las estructuras vivas sólo pueden existir si se transforman y cambian.

Erich Fromm.

Si existiera un dios omnipotente (que todo lo puede), entonces debería poder crear una roca tan grande que ni él mismo pudiera cargar; no obstante, si creara esa roca, él dejaría de ser omnipotente, pues ya no podría cargar dicha roca. Hago uso de esta reflexión, denominada la Paradoja de la Omnipotencia, para invitarlo a reflexionar sobre otra paradoja, la que nos plantean la Gestión y el Liderazgo.

Nuestras organizaciones están continuamente sometidas a la tensión entre estabilidad y cambio: el liderazgo tira de la cuerda del lado del cambio, mientras la gestión tira del lado de la estabilidad. Se entiende que la Gestión se refiere a los sistemas, los procesos, las listas de verificación, las fórmulas, que produce previsibilidad y orden. Por otro lado, el liderazgo consiste en concebir la visión, fijar el rumbo, alinear las potencialidades, iniciar y promover el cambio, no siempre suavemente. Este estado de cosas es, en sí mismo, una paradoja: si gana la estabilidad, la consecuencia puede ser el estancamiento y la derrota comparativa; si se impone el cambio, la inestabilidad consecuente puede conducir a una ruptura de las relaciones estructurales y a la pérdida de confianza en el mercado. Así pues, esta paradójica tensión y sus vaivenes se tornan indispensables y se pueden resumir en una de las frases de George S. Patton, General estadounidense: “El que no tenga cabeza para prever, deberá tener espaldas para aguantar”.

Una espalda fuerte (Gestión madura) produce el orden y la previsibilidad indispensables para atraer y mantener la confianza de nuestras partes interesadas; esto queda demostrado en la popularización de los sistemas de gestión estandarizados; popularización que no es gratuita, pues, por ejemplo, en 2009, se llevó a cabo un estudio sobre el impacto económico de la estandarización en las empresas; para ello se seleccionó a la industria global del automóvil; se incluyeron 40 empresas en 13 países, (fabricantes, proveedores, prestadores de servicios y concesionarios). El estudio confirmó que la estandarización tiene impacto positivo directo sobre las ventas, los costos, los productos, las cadenas de valor, el empleo y la regulación; se encontraron cifras, variables pero consistentes, que indican que la influencia se sitúa entre un 0.5% a un 2.5% de las ventas totales, lo que se traduce en un rango de entre 28 y 55 mil millones de dólares por año.

Más aún, los buenos resultados de la estandarización y el aseguramiento del cumplimiento no se limitan a lo financiero, hoy, protegen al medio ambiente, la integridad física de los trabajadores, la inocuidad de los alimentos, la información, la integridad de las cadenas logísticas, la seguridad, la continuidad operacional, la reputación de las organizaciones, etc. Aún más, este tipo de esfuerzos está siendo aprovechado para, como le conté en la entrada anterior, lograr la protección de los derechos humanos de las personas y el combate a diversas formas de crimen organizado global, desincentivando su participación en las cadenas logísticas globales. No obstante, usted lo sabe muy bien: no basta con el consenso y publicación de un estándar, ni siquiera las estructuras de verificación y certificación son suficientes, lo que en el fondo se requiere es el COMPROMISO.

Esa, es una de las funciones primordiales del liderazgo, alinear el compromiso de todas las partes interesadas de la organización, y ahí es donde el cambio, que el liderazgo propone, se encuentra con la estabilidad que la gestión produce.

La conducción de una organización es, en el fondo, un asunto de lograr consensos entre las partes interesadas; consensos respecto de los fines, modos y medios de las estrategias, así como de sus consecuencias. Imagine que alguien se para a la mitad de una reunión y nos arenga diciendo -¡volvámonos millonarios!-, seguramente, entre vítores, manifestaríamos nuestro acuerdo con esa propuesta; ahora, imagine que su siguiente propuesta fuera -¡Asaltemos el banco de enfrente!-, muchos de los que coincidieron con la primera propuesta rechazarían la segunda, al sopesar las consecuencias. La dirección de las organizaciones trata precisamente de la utilización de los instrumentos disponibles para lograr consenso sobre los fines, medios y modos.

El Liderazgo contiene el conjunto de herramientas que pueden promover el consenso con los fines, aunque, no son tan efectivas para lograr consenso sobre los modos y medios: Visión, Carisma, Negociación, Modelos de conducta, Persuasión. Las herramientas de la Gestión son eficaces en la promoción de consensos sobre los modos, medios y sus consecuencias, pero, no muestran eficacia suficiente para consensar los fines: Planeación participativa, Procedimientos, Capacitación, Medición de desempeño, Consecuencias, Incentivos, Promociones. Sin embargo, la conducción de la organización puede enfrentar situaciones donde no exista consenso en los fines ni en los modos y medios, entonces, ni el liderazgo ni la gestión serán suficientes y sería necesario echar mano de las herramientas de Poder: Deberes, Órdenes, Instrucciones de trabajo, Amenazas, Coerción. La Dirección de la organización también ha de tener en cuenta que las herramientas de la Cultura son eficaces para lograr consenso tanto con los fines, como con los modos y medios, aunque muestran una fuerte resistencia a la adaptación: Espiritualidad, Tradición, Folclore, Rituales, Aprendizaje. Aunque las herramientas de la cultura y las del poder son sumamente eficaces, su utilización implica altos riesgos y limitaciones, por lo que, en general, las herramientas del liderazgo y la gestión tienen una aplicación más frecuente.

Ahora bien, los estándares de sistemas de gestión permiten, a quien dirige una organización, manifestar los fines en una Política, misma que los ejecutivos de los siguientes niveles habrán de transformar en modos y medios, mediante el desarrollo de planes, proyectos, programas, presupuestos, procedimientos, instrucciones de trabajo, indicadores de desempeño, instrumentos de medición y el aseguramiento de actuaciones competentes, y esos estándares son, generalmente, desarrollados por expertos, que alcanzan consensos sobre las mejores prácticas.

Si usted tiene claro que no existiría la Internet de no existir protocolos estandarizados o si, por otro lado, ha podido compartir información, mediante su memoria portátil, que se conecta en un puerto estandarizado USB (Universal Serial Bus), entonces, le será fácil aceptar que la estandarización de la Gestión puede brindar, a su organización, además de la previsibilidad y el orden, la conectividad suficiente para que el rumbo, fijado por el Liderazgo, tenga un tránsito menos incierto.

 

F.Crisóstomo.

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