SEGURIDAD Y MADUREZ POLÍTICA

cuando los hombres malos se reúnen, forman más bien un complot que una sociedad. 
No se sostienen entre sí, sino que se temen; no son amigos, sino cómplices. 
Étienne de La Boétie.

Desde el inicio, expresé mi desacuerdo con la desatinada denominación de guerra que se le asignaba al esfuerzo por reducir la criminalidad asociada al narcotráfico, en nuestro país; diversas fueron las razones que expuse, entre ellas estaba el implícito reconocimiento de la calidad de combatientes a simples delincuentes; también estaba mi preocupación sobre el impacto en nuestras relaciones internacionales: ¿quién querría invertir o hacer turismo en un país en guerra?, (salvo los vendedores de armas o los mercenarios). Recientemente, José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, puso en la mesa otra razón, derivada de la actual crisis financiera, dijo que, en esta época de postcrisis, los países tratarán de recuperar el terreno perdido a “cuchillada limpia”, por lo que creo inconveniente andar pregonando la falsedad de que en México estamos en guerra.

Sin negar nuestros problemas de violencia e inseguridad, debemos mantener claridad mental para entender que, en el concierto global, la palabra guerra trae de la mano a la desconfianza, más aún cuando esa guerra se plantea como un conflicto interino y se exhibe la incapacidad del Estado para resolver los conflictos. Por ello, independientemente del modo en que ocurrió, celebro que el Presidente mexicano se niegue a seguir utilizando la palabra guerra; de ningún modo pretendo defenderlo, no me lo ha pedido y sería imposible, pero su intención de dejar de llamar guerra a nuestro problema de violencia criminal es, cuando menos, alentador.

Ya en otras entradas de este blog, he dado mi punto de vista sobre el escenario actual: se presionó a un sistema emergente sin considerar los efectos ni estar preparados para ellos. De algún modo, hubo una especie de pensamiento mágico en la ilusión de que el miedo a la fuerza del Estado contendría a los criminales, pero la ilusión no fue suficiente. Como sabemos, el pensamiento mágico es característico de los niños, y se pretende que la madurez lo destierre mediante la objetividad, aunque en algunos asuntos, como la espiritualidad y la política, parece no desaparecer por completo; es decir, es difícil pensar en una madurez política: ¿Quién, en su sano juicio, puede abrigar la creencia de que un Presidente, por sí, puede derrotar a la criminalidad o a la pobreza o al desempleo?; si él lo creyera sería un megalómano, pero, si nosotros lo creyéramos, ¿qué seríamos?

En nuestro estado de inmadurez política, ayuda conocer pensamientos como el de Étienne de La Boétie, escritor y político francés del siglo XVI, que escribió el “Discurso sobre la servidumbre voluntaria”, publicado en 1576, que, entre otras cosas, dice:

De lo que aquí se trata es de averiguar cómo tantos hombres (…) se sujetan a veces al yugo de un solo tirano, que no tiene más poder que el que le quieren dar (…) Es el pueblo quien se esclaviza y suicida cuando, pudiendo escoger entre la servidumbre y la libertad, prefiere abandonar los derechos que recibió de la naturaleza para cargar con un yugo que causa su daño y le embrutece. (…) Con todo, no exijo de él (el hombre) tanto arrojo, acepto que prefiera no sé qué seguridad, viviendo en la miseria, a la dudosa esperanza de vivir a su antojo (…) Resolveos a no ser esclavos y seréis libres. No se necesita para esto pulverizar el ídolo, será suficiente no querer adorarlo; (…) Los hombres libres se disputan la preferencia en pelear por el bien general, porque en él hallan vinculado el interés particular: todos quieren tener su parte, en la derrota como en la victoria. En cambio, los esclavos (…) no tienen energía y su corazón pusilánime no es capaz de abrazar grandes empresas. (…). Del mismo modo que en el cuerpo humano, (…) si se forma un tumor, se reúnen en él los humores venenosos (…) en el cuerpo político, (…) toda la hez del pueblo y aún aquellos que son incapaces de distinguir el bien del mal, se les reúnen; (…) Todas las súplicas, todos los votos van dirigidos contra ellos; no hay desgracia, peste o hambre que no les sea atribuida; y si en ocasiones les fingen honores, los corazones del pueblo repugnan aquellas demostraciones”

En esencia, Étienne de La Boétie nos enseña que solamente abrazando nuestra libertad haremos nuestra la responsabilidad por los resultados de nuestra convivencia segura.

Cuando los conflictos escalan hasta la tragedia, sentimos la tentación de trasladar las culpas, lo que puede conducir a un escalamiento de las reacciones violentas; es el caso del reciente atentado, en EEUU, a la congresista Gabrielle Giffords (resultaron 19 heridos, seis murieron, incluidos un juez federal y una niña de 9 años); de inmediato, unos intentaron culpar a otros por la beligerancia verbal, previa, en contra de la congresista. En medio de la tragedia, el Presidente Obama, conociendo los peligros del escalamiento, pronuncia las siguientes palabras:

“En lugar de señalar con el dedo o asignar culpas, vamos a aprovechar esta oportunidad para ampliar nuestra imaginación moral, para escucharnos el uno al otro con más cuidado, para agudizar nuestros instintos hacia la empatía y para recordarnos, a nosotros mismos, sobre todas las maneras en que nuestras esperanzas y sueños están unidos”

Como buen estadista, Obama, en vez de aprovechar los hechos para arremeter contra sus adversarios políticos y conociendo los costos de los conflictos, buscó que el duelo se transformara en factor de unidad.

No hay duda respecto de que, en nuestros problemas de inseguridad, la culpa es de los criminales, tampoco se puede dudar de la culpabilidad de jueces, fiscales, policías y funcionarios de todos los poderes y niveles, aunque, los ciudadanos tampoco podemos excusarnos, pues caímos en el error de actuar como súbditos, de adorar al ídolo y de embrutecernos con el yugo, en nombre del miedo y la inseguridad. Es hora de madurar políticamente, de asumir nuestra responsabilidad y de volver a unir nuestros sueños y esperanzas de libertad.

 

F.Crisóstomo.

Nota: Para consultar el texto de Étienne de La Boétie, haga click en la siguiente LIGA.

http://www.sindominio.net/oxigeno/archivo/servidumbre.htm

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