LAS CALLES NUESTRAS DE CADA DÍA

La primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar. Gastón Bachelard.

Se llenaron de nosotros, sin que nadie perdiera su yo, las calles se llenaron de nosotros.

Más allá de las pancartas, las emociones cubrieron el asfalto y el adoquín. Simbolismos que se entrecruzaban, de pronto se fueron apartando, para dejar frente a mí, a menos de un paso, tal vez a un solo aliento, lo ojos enrojecidos de un padre que dejaba ver el cansancio de la caminata, pero que no se había cansado de llorar la muerte de su hijo; un hijo que en ese momento, también, se volvió nuestro.

Los pasos perdieron su prisa, pero encontraron rumbo: Paz, Justicia y Dignidad. Y tropecé con la paz, en la forma de una blanca paloma crucificada; regresé, entonces, a mis primeros recuerdos, cuando la abuela me contó de los suplicios de Jesucristo, para luego recordar a los otros jesucristos, los que en su largo viacrucis, ni siquiera pueden aspirar a un madero y terminan, con todo y su sueño americano, apretujados en la clandestinidad de una fosa, sin otro epitafio que la vergüenza; vergüenza que también se ha vuelto nuestra.

Y la justicia también se volvió nuestra, cuando, más delante, firmamos la demanda a Felipe Calderón (demanda, no condena), para que, siendo sometido a un juicio justo (mucho más de lo que él les ha dado a los 40,000), sepamos de su responsabilidad, ya sea por acción u omisión, en los más de cuarenta mil homicidios; cuarenta mil espacios vacíos que, de no llenarse con justicia, podrían convertirse en contenedores desbordantes de odio.

Y la dignidad me sonrió, primero desde unas boquitas chimuelas, enmarcadas por sus pequeñas pancartas, que se habrán de convertir en nuestros grandes compromisos, y, después, desde los jóvenes brazos que me rodearon –gratuitamente- con todo y mis dudas, y me dejaron suspender mis incertidumbres respecto de mis semejantes, despertando mi gitano interior, que se unió al nosotros, para predecir: “habrá un mejor futuro”.

Sobre un hermoso azul, globos blancos, ascendiendo entre un coro de campanas, abrieron, frente a mí, el más amplio espacio de diversidad que mis ideas jamás hayan disfrutado, y ahí me confundí, cuando confusión significa fundirse con lo otro. En la confusión, los discursos transcurrieron en el fondo, al frente quedaron las sensaciones: Hay un poder ciudadano y la voluntad de ejercerlo.

Ya no supe si hubo un ¡Viva México!, pero, sí sé que ¡México Vive!

 

F.Crisóstomo.

 

0 Responses to “LAS CALLES NUESTRAS DE CADA DÍA”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s





A %d blogueros les gusta esto: