CEGUERA A LA EQUIVOCACIÓN

¿Y si te engañas? Si me engaño, soy. Quien no existe no puede engañarse, por eso, soy, si me engaño. San Agustín.

Una sala de espera de un hospital; de la puerta de un consultorio sale una dolorida señora, con el brazo recién enyesado; al verla, su marido, que había estado esperándola, se pone de pie, se dirige hacia ella y, con una socarrona sonrisa de satisfacción, le dice: “Ves, te lo dije, ese piso que elegiste era demasiado resbaloso”. Tal vez, el hombre podría haberse mostrado empático con el dolor de su esposa, no obstante, un profundo sentimiento de triunfo se sobrepuso al resto de sus emociones: la placentera sensación producida por el hecho de haber tenido la razón.

Es innegable, tener la razón nos produce placer, del mismo modo que no tenerla puede despertar emociones devastadoras; tal vez, porque desde pequeños nos enseñaron que la única manera de triunfar en la vida es “nunca cometer errores” y que los que los cometen son perezosos, imbéciles o irresponsables; en cambio, tener la razón nos hace sentir inteligentes, virtuosos y seguros.

Cuando alguien no está de acuerdo con nosotros: primeramente, podemos suponer que ignora información que nosotros sí poseemos (que es un ignorante); si constatamos que no es un ignorante, entonces podemos suponer que, aunque posee la misma información que nosotros, no tiene la capacidad de integrarla como nosotros (que es un imbécil); si se nos demuestra que no es un imbécil, entonces podemos suponer que, aunque conoce la verdad, está distorsionando los hechos, para afectarnos deliberadamente. Concluirá usted conmigo que esta podría ser una barrera muy difícil de superar en nuestras relaciones.

Sabemos que la especie humana es falible, lo decimos coloquialmente: “errar es humano”; pero, tratándose del “MÍ”, en presente, algo ocurre que me impide siquiera contemplar la posibilidad de estar equivocado. Este fenómeno puede ser llamado “ceguera a la equivocación” y es tan frecuente que casi nos parece normal; no obstante, aquellos que logran saltar ese obstáculo obtendrán un enorme avance de tipo moral, intelectual, y creativo. Para quienes nos dedicamos a la seguridad, esto cobra vital relevancia, pues, quienes sufren de esta “ceguera” nunca advierten los indicios de sus equivocaciones, hasta que ya nada se puede hacer y hasta podrían sentir placer por tener la razón, aunque los daños fueran irreparables, como el marido de nuestra historia inicial. Confiar excesivamente en que estamos haciendo o diciendo lo correcto, en términos de riesgos, puede ser muy peligroso, y es más peligroso aún, cuando lo hacemos desde una posición de autoridad o de poder.

Estar equivocado no significa ser tonto, indagar sobre las posibles equivocaciones propias y ajenas es el basamento del progreso científico; estar equivocado no nos vuelve inmorales, se requiere valor y honestidad para admitirlo; en cambio, no aceptar que podríamos estar equivocados, es signo de intolerancia, falta de empatía, nos ancla y nos impide evolucionar.

  • ¿Qué tal si están equivocados los que creen que el prohibicionismo es la mejor alternativa para evitar las adicciones?
  • ¿Qué tal si están en lo cierto los que dicen que el prohibicionismo sólo incrementa los precios y las ganancias de los narcotraficantes?
  • ¿Qué tal si están equivocados los que creen que podrán acabar con los narcotraficantes, aniquilándolos?
  • ¿Qué tal si aciertan los que dicen que los consumidores gringos no desaparecerán aniquilando a los traficantes o a los productores de otros países?
  • ¿Qué tal si están equivocados los que creen que los retenes deben detener el flujo de drogas hacia los EEUU?
  • ¿Qué tal si están en lo cierto los que dicen que los retenes deberían detener el flujo de armas desde los EEUU?
  • ¿Qué tal si están equivocados los que creen que los narcodelincuentes son los únicos “hijos de puta”?
  • ¿Qué tal si tienen razón los que señalan a los otros “hijos de puta”, a los que detentan los poderes del Estado?
  • ¿Qué tal si se equivocan los que creen que decomisando drogas, armas y billetes debilitarán a los narcos?
  • ¿Qué tal si aciertan los que dicen que el verdadero dinero del narco fluye por los grandes bancos, las grandes empresas y hasta las campañas políticas?
  • ¿Qué tal si se equivocan los que creen que los hombres sólo pueden ser: o buenos o malos?
  • ¿Qué tal si están en lo cierto los que saben que lo bueno y lo malo conviven en cada uno de nosotros?
  • ¿Qué tal si se equivocan los que creen tener la razón?
  • ¿Qué tal si la única equivocación consiste en negarse a creer que se puede estar equivocado?

 

F.Crisóstomo.

 

Nota:

Estas ideas surgieron luego de ver un video de Kathryn Schulz, en TED; les recomiendo verlo en la siguiente LIGA:

http://www.ted.com/talks/lang/spa/kathryn_schulz_on_being_wrong.html

 

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