AUTO-ORGANIZACIÓN Y SEGURIDAD

No se puede entender una célula, una rata, una estructura cerebral, una familia, una cultura, si se aíslan de su contexto. La relación lo es todo. Marilyn Ferguson, The Aquarian Conspiracy.

Si usted pone a calentar, sobre una plancha, un recipiente con un líquido viscoso y se asegura de enfriarlo por encima, pasado cierto tiempo, verá que el líquido tiende a organizarse, formando un patrón de rollos paralelos, casi siempre hexagonales. Este fenómeno ha sido bautizado como el fenómeno de Bénard. ¿Por qué surge ese patrón de comportamiento en las moléculas del fluído?, la respuesta es: auto-organización.

La auto-organización es la creación espontánea de un patrón general coherente, a partir de las interacciones locales entre componentes, inicialmente independientes; como en el fenómeno de Bénard, arriba mencionado, donde las diferencias de temperatura desarrollan, al mismo tiempo, movimientos ascendentes y descendentes que originan corrientes circulares homogéneas. Pero, en sistemas de mayor complejidad, la auto-organización da lugar a un orden colectivo que se organiza en función de su propia estabilidad y, por lo tanto, tiende desarrollar resistencia a las perturbaciones; por ejemplo, un programa (Software) tradicional, o un sistema mecánico, dejaría de funcionar si se eliminase cualquiera de sus componentes, sin embargo, un programa simulador de redes neuronales, que ha sido “entrenado” para realizar una determinada tarea, en general, continuaría siendo capaz de realizar esa tarea, aún cuando, aleatoriamente, se eliminasen algunos de sus nodos o enlaces, tal como sucede con las neuronas en nuestro cerebro.

Esta robustez de los sistemas auto-organizados, también llamada resiliencia, es adquirida gracias al control distribuido y redundante, que tiene el efecto de, a partir de los componentes no dañados, poder restaurar la funcionalidad disminuida a causa del componente dañado. Por ejemplo, un ecosistema que haya sido dañado por un incendio, en general, tendrá una rápida recuperación. En otras palabras, prácticamente cada componente de un sistema auto-organizado contiene capacidad funcional suficiente e integra las capacidades de control necesarias.

Se han desarrollado algunas importantes aplicaciones de la teoría de la auto-organización; por ejemplo: software que reduce la carga en una red de comunicación, mediante la adaptación de las rutas que siguen los paquetes de datos, inspirado en el comportamiento colectivo de las hormigas, que producen una red de senderos que conecta a su nido en la forma más eficiente con diversas fuentes de alimento; el proyecto Biosfera 2, un ecosistema complejo, completamente cerrado, construido dentro de un enorme invernadero en el desierto de Arizona.

Los sistemas artificiales auto-organizados tienen algunas ventajas sobre los sistemas artificiales tradicionales: resiliencia, flexibilidad, autonomía funcional, bajos requisitos de supervisión y adaptación espontánea no planificada. No obstante, sus principales desventajas son: su limitada previsibilidad y las dificultades para su control. Es difícil tratar de administrar o controlar sistemas auto-organizados, ya que, intrínsecamente, se resisten a los cambios inducidos desde el exterior, incluso, cuando se ejerce presión para provocar cambios, el resultado podría ser muy distinto del efecto deseado o podría provocar la destrucción del sistema. Los mejores resultados se han obtenido aprovechando ciertas propiedades (puntos de apalancamiento) que reaccionan favorablemente a determinadas intervenciones, no obstante, la predictibilidad nunca está garantizada.

La pregunta más difícil de responder, desde la perspectiva de los sistemas auto-organizados, es si sería posible desarrollar un sistema socio-económico, sustituyendo la planificación y control centralizados por la auto-organización; la respuesta pasa por nuestra certeza de que aún sabemos muy poco y, por tanto, sería riesgoso tratar de inducir este tipo de cambios radicales, debido a nuestra ignorancia sobre los posibles efectos secundarios imprevistos. Seguramente seguiremos experimentando en modelos de computadora, antes de intentar hacer intervenciones sociales de gran escala.

A este respecto, y relacionado con la seguridad, déjeme platicarle que estos temas no son tan nuevos como parecen; en realidad han sido recurrentes en el pensamiento científico; por ejemplo, encontré un interesantísimo texto escrito en 1849 por Gustave de Molinari, titulado “Sobre la Producción de Seguridad”. Inicia cuestionando si la sociedad es un producto artificial o un producto natural. Afirma que es un hecho puramente natural; que la sociedad se mueve en virtud de leyes generales y preexistentes (Naturales); que los hombres, al integrarla, obedecen al instinto de sociabilidad; que este instinto resulta de los sufrimientos y goces que los hombres experimentan por sus necesidades y su satisfacción; que los sufrimientos se reducen, al tiempo que se incrementan los goces, cuando, en grupo, se dividen el trabajo y realizan intercambios; que es, por tanto, la ciencia económica la que debe estudiarla y mostrarnos cómo funciona.

El autor identifica a la seguridad como una necesidad de fuerte impulso al instinto de sociabilidad; atribuye, entonces, a la necesidad de obtener seguridad con el menor riesgo y costo posibles, la fundación de organismos encargados de garantizar, a cada cual, la posesión pacífica de su persona y de sus bienes: la fundación de gobiernos.

Basado en la economía política el autor reflexiona argumentando que “en todos los casos, y para todos los bienes (…) el interés del consumidor consiste en que el trabajo y el intercambio permanezcan libres, porque (…) tienen como resultado necesario y permanente la máxima reducción del precio de las cosas”; “Que el interés del consumidor de cualquier bien debe prevalecer siempre sobre el interés del productor”; “Que la producción de la seguridad debe (…) permanecer sometida a la ley de la libre competencia”; “Que ningún gobierno debería tener el derecho de impedir a otro gobierno entrar en competencia con él, o de obligar a los consumidores de seguridad a dirigirse exclusivamente a él para obtener este servicio”.

Sin duda, afirmaciones controversiales, incluso si fueran contemporáneas; aún hoy, los economistas más liberales apenas se atreven a afirmar que el gobierno debe limitarse a garantizar la seguridad de los ciudadanos, en tanto se mantiene respetuoso de la libertad de intercambio.

El autor considera a las leyes económicas como leyes naturales, por lo que afirma que la división del trabajo y de la libertad de intercambio no deben admitir excepciones, a riesgo de inducir daños en la sociedad, y se refiere a la seguridad como una excepción que la ha dañado, basándose en los principios del monopolio o del comunismo.

La necesidad de seguridad expresa, por sí misma, la debilidad del consumidor y la fuerza superior del productor, lo que simplifica la imposición de las prácticas monopólicas. Todo monopolio se ampara necesariamente en la fuerza; solamente cuando los monopolistas dejan de ser más fuertes que los consumidores, el monopolio desaparece, ya sea de manera violenta, o como resultado de una transacción amigable. Y, en ese momento, la producción monopólica de seguridad termina organizándose de manera comunista. Independientemente de ello, los que creen en la sociedad como un producto artificial, que puede ser conducido desde arriba, probablemente ignoran que la autoridad de los gobernantes emerge del interés de los gobernados, por lo que ellos se opondrán a todo aquello que dañe su interés, y, en consecuencia, el proveedor de seguridad (el gobierno) habrá de recurrir incesantemente a la fuerza (al terror) para mantener su autoridad.

Después de un razonamiento sobre la manera en que sería posible colocar a la seguridad dentro del régimen de libre intercambio, el autor manifiesta estar “totalmente convencidos de que un día se establecerán asociaciones para reclamar la libertad de gobierno como han sido establecidas para reclamar la libertad de comercio”.

Independientemente de que estemos, o no, de acuerdo con el autor, debo destacar que, en el fondo, hace referencia a la posibilidad de construir sistemas sociopolíticos auto-organizados; y que esta referencia la hace en el siglo XIX.

¿Interesante?

 

F.Crisóstomo.

 

Nota: He comentado el escrito de Gustave de Molinari con algunos colegas; no ha faltado quien, después de leerlo, cree que Molinari debería ser nombrado algo así como “El Padre de la Seguridad Privada”. Les dejo la liga donde pueden leer el texto completo:

 

http://www.liberalismo.org/articulo/261/240/produccion/seguridad/

 

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