ÉTICA EN CRISIS

De cualquier modo, ninguna droga, ni siquiera el alcohol, es causa de los males fundamentales de la sociedad. Si buscamos la fuente de nuestros problemas, no hay que examinar a la gente por las drogas, hay que probar su estupidez, ignorancia, codicia y su apego al poder. PJ O’Rourke.

Durante la Reunión de Ministros de Finanzas y Gobernadores de Bancos Centrales del G-20, Guillermo Ortiz Martínez, ex gobernador del Banco de México y también presidente del consejo de administración de Grupo Financiero Banorte, reconoció que el mundo vive una crisis tamaño “mamut”. También apuntó que “vivimos en un mundo interconectado y en la medida que haya  dislocaciones adicionales vamos a sufrir”. Al respecto, Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, dijo que, más que una cuestión de dinero, se trata de generar confianza.

Pero, ¿cómo generar confianza en un mundo plagado de escándalos de corrupción?, donde los medios dan cuenta de las carencias éticas de aquellos que deberían ser fuente de confianza, por ejemplo:

  • El presidente del Banco Central Suizo, Philipp Hildebrand, anunció este lunes su dimisión “con efecto inmediato”, tras verse envuelto en un escándalo por una polémica operación en el mercado de divisas, que minó su reputación. El Economista.mx, 9 Enero, 2012.
  • Investigaciones judiciales por cohecho y tráfico de influencias, amenazas a la prensa y errores políticos han forzado la caída del presidente alemán (Christian Wulff). El País, 17-feb-2012.
  • Jon Corzine, el desacreditado ex presidente ejecutivo de la firma de corretaje MF Global, se presentó ante el Congreso estadounidense el 8 de diciembre para explicar lo que pasó con aproximadamente 1,200 millones de dólares faltantes en los libros contables de la compañía. CNN Expansión, 15 diciembre de 2011.

En su obra “LA TEORÍA DE LOS SENTIMIENTOS MORALES”, Adam Smith escribe lo siguiente, “La índole de los hombres, así como los artefactos o las instituciones del gobierno civil, pueden servir o para fomentar o para perturbar la felicidad, tanto del individuo como de la sociedad”; también pregunta, “¿Acaso puede existir otra institución de gobierno más adecuada para fomentar la felicidad humana que la preponderancia de la sabiduría y de la virtud?” y concluye diciendo, “Todo gobierno no es sino un remedio imperfecto a la falta de éstas (…) La única causa de los efectos fatales que acarrea un mal gobierno, es que no imparte suficiente protección contra los daños a que da lugar la maldad de los hombres”.

Escrito en 1759, el texto de Adam Smith parece, a luz de nuestra actual crisis financiera global, haber ganado vigencia: reconoce que la primera tendencia del ser humano es el amor a sí mismo, no obstante, por ello se ve obligado a controlar y dominar su egoísmo, pues, de otra forma, la vida en comunidad sería, simplemente, imposible, la civilización no podría existir.

Ese dominio de sí mismo, que permite al individuo abstenerse del placer inmediato o soportar el dolor presente, a fin de obtener un mayor placer o evitar un dolor más grande en lo futuro, se manifiesta también en la capacidad de generar empatía, la que, dice A.Smith, lleva al sujeto a ponerse en el lugar del otro, aún cuando, aparentemente, no se obtenga beneficio de ello, esto como resultado de la necesidad humana de ser aprobado por los demás.

Aquí nos hemos preguntado repetidamente por las razones de la desconfianza, las que dan origen a nuestra permanente sensación de incertidumbre e inseguridad; hemos traído respuestas de lo más variado, desde los estudios que indican que la carencia de afecto físico durante la infancia, así como la represión sexual durante la juventud pueden incidir negativamente en el desarrollo de la empatía e incrementar los niveles de violencia interpersonal, pasando por aquellos que señalan a la oxitocina como factor del desarrollo de relaciones de confianza y empatía, así también los experimentos con infantes que muestran que la incapacidad para aguardar una recompensa retardada puede ser un factor de fracaso social de las personas.

En esa búsqueda de respuestas, encontramos los resultados de siete recientes estudios, publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, que revelan que los individuos de clase alta se comportan con mayor carencia de ética que los individuos de clase baja.

El primer y segundo experimentos revelan que los individuos de clase alta son más propensos a violar la ley al conducir su automóvil, en comparación con individuos de clase baja. En el tercer estudio, de seguimiento en laboratorio, los individuos de clase alta exhibieron mayor tendencia a comportamientos carentes de ética, al tomar decisiones. En el cuarto estudio, los resultados indican que, tomar bienes que son valiosos para otros, es más probable para los individuos de clase alta. En el quinto estudio, los individuos de clase alta se revelan como más propensos a mentir en una negociación. La probabilidad de hacer trampa, para aumentar sus posibilidades de ganar un premio, es más alta en los individuos de clase alta, es la conclusión del sexto estudio. El séptimo y último estudio reveló que los individuos de clase alta tienden a aprobar, más que los de clase baja, las conductas carentes de ética en el trabajo.

Paul Piff, estudiante de doctorado en psicología en la Universidad de Berkeley y autor principal del artículo que revela esos resultados, argumenta que “Ocupar una posición privilegiada en la sociedad tiene un efecto psicológico de aislamiento. Se tienen menos probabilidades de percibir el impacto que el comportamiento propio tiene sobre los demás. Como resultado, al menos en este trabajo, es más probable que se rompan las reglas“. Piff afirmó que “El aumento de las tendencias contrarias a la ética, en las personas de clase alta, se debe, en parte, a que sus actitudes son más favorables hacia la codicia”. No obstante Piff acotó declarando que “No estamos diciendo que si eres rico, eres necesariamente poco ético, y que si eres pobre, eres necesariamente ético”.

Los estudios incluyeron a más de 1,000 personas clasificadas utilizando la Escala MacArthur de situación socioeconómica subjetiva.

En los primeros dos estudios se encontró que los conductores de clase alta fueron cuatro veces más propensos a interrumpir el tráfico en una concurrida intersección de cuatro vías y tres veces más propensos a interrumpir el tránsito de personas en los cruces peatonales.

Otro estudio consistió en que los participantes fueron invitados a tomar un caramelo de un frasco, advirtiéndoles que se trataba de caramelos reservados para los niños; los participantes de clase alta tomaron el doble de caramelos de lo que lo hicieron los de otras clases.

En otro de los estudios, los participantes fungieron como empresarios negociando el salario, con candidatos a un puesto de trabajo temporal; les fueron presentados candidatos que manifestaban buscar empleo de largo plazo; previamente se indicó, a los participantes, que era su decisión transmitir, o no, la información respecto de la temporalidad del puesto. Los participantes de clase alta fueron más propensos a engañar a los candidatos al puesto.

Un juego de dados por computadora, fue la base de otro de los estudios; el jugador con la puntuación más alta recibiría un premio en efectivo; cada jugador haría cinco lanzamientos, para, posteriormente, informar de sus resultados; los jugadores no sabían que el juego estaba arreglado para evitar que la puntuación excediera los 12 puntos. Los participantes de clase alta fueron más propensos a reportar puntuaciones más altas que las posibles.

El estudio parece revelar que la cultura del rendimiento, a la que son frecuentemente sometidas las personas de clase alta, impulsa a valorar más positivamente la avaricia y a despreciar la necesidad de apoyo en tiempos de incertidumbre, borrando la conexión con familiares, amigos y, por tanto, con la sociedad.

Tal vez una frase de Paul Piff pueda ayudarnos a resumir: “Cuando se persigue el interés propio, está permitido correr desenfrenadamente, ello puede conducir a resultados socialmente perniciosos”.

No obstante, coincido con Adam Smith, cuando afirma que “la naturaleza humana estaría diseñada para avanzar fines o causas finales que no necesariamente son conocidos por los sujetos, que se guían por las causas eficientes”.

En el pasado, con mucho menos de lo que hoy tenemos, aprendimos a cazar mamuts, confiando unos en los otros; podemos hacerlo de nuevo. Solamente necesitamos desterrar el egoísmo y la avaricia.

 

F.Crisóstomo.

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