EL ACUERDO COMERCIAL ANTI-FALSIFICACIONES (ACTA)

Si una cultura no genera sentido, genera violencia. Hugo Mujica.

Hace un año, el 20 de julio, desde el Senado de la República, se publicaron las “Conclusiones del grupo plural de trabajo para dar seguimiento a las negociaciones del Acuerdo Comercial Anti-falsificaciones (ACTA)”. Dichas conclusiones señalaron que:

  • El “ACTA”, contiene disposiciones que se pueden considerar contrarias a la seguridad y certeza jurídica de los habitantes del País, principalmente en el apartado denominado “Sección 5: Observancia de los derechos de propiedad intelectual en el ámbito digital”.
  • Su implementación podría limitar la posibilidad de que el País se inserte en la “sociedad de la información y del conocimiento”, ampliando con ello la “brecha digital”, y
  • podría derivar en una censura a los contenidos de internet que pondría en riesgo el desarrollo del legítimo comercio electrónico, la creatividad digital y la legítima difusión cultural.

ACTA ya había sido rechazada en el Parlamento Europeo el 5 de julio. Un poco antes, el 14 de enero pasado, el Congreso de los Estados Unidos decidió congelar el proyecto de la ley SOPA (Stop Online Piracy Act/Acta de cese a la piratería en línea); el gobierno de Barack Obama declaró que “no apoyará una legislación que reduzca la libertad de expresión”. No obstante todo lo anterior, el pasado 11 de julio, el Presidente Felipe Calderón firmó el ACTA.

La polémica no es nueva, tal como le había platicado en enero de este año, en nuestra entrada titulada “Control en Libertad”, la Declaración de Independencia del Ciberespacio, atribuida a John Perry Barlow (1996,Davos, Suiza), entre otras cosas, declara:

  •  “La legitimidad de los gobiernos deriva del consentimiento de los gobernados (…)  El ciberespacio no encaja dentro de vuestras fronteras (…) Estamos construyendo nuestro propio acuerdo social.”
  •  “El Ciberespacio lo forman relaciones e interacciones (…) Está en todas partes y en ninguna, pero en cualquier caso no en el mero mundo de la materia.”
  •  “Vuestros conceptos legales de propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Todos ellos están basados en la materia y aquí no hay materia.”
  •  “Vuestras (…) industrias de la información, querrían perpetuarse proponiendo (…) leyes que (…) declararían a las ideas un producto industrial más, no más valioso que un lingote de hierro. En nuestro mundo (…) cualquier cosa que la mente humana pueda crear puede ser reproducida y distribuida ad infinitum, prácticamente sin coste alguno.”

Leo, en INTERNET, “Diez tesis en favor de las descargas libres de bienes culturales en Internet”, un escrito de Enrique G. Gallegos que me obliga a repensar el tema, y me permite construir los siguientes argumentos, que deseo compartir y repensar con usted:

  • La cultura no está hecha de átomos, a los que haya que preservar en bóvedas, sino de ideas que se distribuyen en la memoria colectiva; su preservación adquiere significado en tanto se amplía su distribución.
  • Si la cultura es “patrimonio de la humanidad” y resulta de la interacción de las ideas, lo que debemos proteger son los medios que facilitan tal interacción. Por lo que, la penalización de la libre transferencia de información dañaría dicho patrimonio.
  • Argumentando “daño patrimonial”, bajo el supuesto de que las obras culturales son ocurrencias milagrosas, sin precedentes históricos, se mutila la capacidad humana de pensar, proyectar y desencadenar el potencial transformador de las visiones de futuro.

La criminalización de las descargas en internet, promovida por el ACTA, es un débil intento de engañar a las personas y de encubrir la desmedida ambición de los viejos distribuidores de contenidos, que no han sido lo suficientemente creativos para adaptar sus negocios a las nuevas realidades.

 

F.Crisóstomo.

RIESGO: ¿Construcción social?

Lo peor de la ignorancia..es que.. a medida que se prolonga, adquiere confianza. Anónimo.

El Instituto para la Economía y la Paz, publicó recientemente el Índice Global de Paz 2012 (GPI). El GPI valora 23 indicadores en 158 países, que miden la ausencia de violencia o de temor a la violencia. Los resultados del 2012 revelan que el mundo mantiene una tendencia (de dos años consecutivos) hacia la pacificación.

De entre los indicadores del GPI, el “nivel de criminalidad percibida en la sociedad” registró el mayor deterioro respecto del GPI 2011. Los cinco indicadores que muestran el deterioro más significativo se relacionan con la seguridad, aunque la “escala de terror político” mostró la mayor mejora y hubo ganancia en varios indicadores relacionados con la militarización, debida a la reducción de los presupuestos de defensa.

El GPI resultante de México cayó a la posición 135ª, por la creciente violencia vinculada al narcotráfico y a la delincuencia generalizada. La eficacia de la solución militar está siendo cada vez más cuestionada por la sociedad civil. Las tasas de secuestro en algunos estados se encuentran entre las más altas del mundo.

El indicador “Número de muertes por conflictos organizados internos” contribuye con un 6.67% al GPI global, y ha permanecido bajo en casi todo el mundo. Durante seis años, a lo sumo, 30 países han rebasado los dos puntos (en una escala de uno a cinco). Las fluctuaciones revelan el resultado de países en graves conflictos (Iraq (2008-2009), Sri Lanka (2010-2011) y Libia (2012)), aunque también reflejan otro tipo de conflictos, en los que se registra un gran número de víctimas, como México, Pakistán y Afganistán. El incremento de este indicador, en México, refleja la precariedad de su situación, ha pasado de un 1 punto a 5 puntos en dos años.

Mientras tanto, a días de iniciar la Cumbre del G-20, la Coordinación Alemana por los Derechos Humanos en México solicitó a Angela Merkel, canciller alemana, haga llegar al gobierno mexicano la exigencia de cambios políticos que favorezcan los Derechos Humanos; el comunicado dice, entre otras cosas:

“La comunidad internacional tiene que reaccionar y exigir consecuencias ante el hecho de que dentro de las víctimas se encuentran no sólo miembros de las bandas de drogas, sino también un gran número de civiles (…) Observamos siempre más casos documentados de violaciones de derechos humanos cometidos por elementos de la policía y de las fuerzas armadas (…) Es tiempo de que los gobiernos europeos, latinoamericanos y el de los Estados Unidos exijan al gobierno mexicano avances concretos en el mejoramiento de los derechos humanos”

En el contexto de los datos y declaraciones anteriores, recuerdo una reflexión que publicamos, años atrás, en este mismo espacio:

“Entendiendo la civilización como el conjunto de instrumentos de que dispone un grupo social para conservarse, renovarse y progresar, un desastre puede ser definido como: un escenario en el que la civilización ha sido dañada en grado tal que la comunidad requiere de apoyo externo, para normalizar su proceso de desarrollo.”

De este modo, no puedo más que concluir que estamos en medio de un desastre, pues las instituciones e instrumentos de nuestra civilización no solo están resultando insuficientes sino que, incluso, están potenciando la espiral de violencia en la que nos encontramos inmersos y, cada vez más, pareciera que no podremos salir sin el apoyo internacional. No obstante, pareciera que los individuos aún no acabamos de racionalizar los resultados y permanecemos retraídos, acurrucados, negando o tratando de ignorar la realidad que nos apabulla.

En situaciones de desastre, los individuos reelaboramos el significado del riesgo. En general, las evaluaciones del riesgo no se construyen a partir de la información científica, más bien, utilizan las propias percepciones e interpretaciones como bloques de su construcción, a partir de las cuales se elaboran diagnósticos, pronósticos e, incluso, proyectos y estrategias de prevención, preparación y respuesta.

Las estrategias que así surgen tienden a ser altamente coincidentes en los fines y discordantes en los medios, siendo esta discordancia la que mayormente influye en la precariedad de las soluciones. La escasez de medios y la falta de ayuda externa producen impotencia y resignación, que terminan provocando la construcción de mecanismos psicológicos que “ocultan” los factores del riesgo, que inducen a subestimarlos o a, simplemente, evadirlos.

La “relativización del riesgo” es un mecanismo que permite a los individuos recrear cierta fantasía de “estabilidad y seguridad”, a través de la reconstrucción mental de la situación, para generar una ilusión de que el daño puede ser evitable o de que el riesgo puede ser vivible y/o controlable. Esta clase de jerarquización del riesgo permite, a los individuos, asignar categorías subjetivas de riesgo a sus propias circunstancias, propiciando una sensación de mayor seguridad o estabilidad y alimentando la tendencia a ignorar o subestimar el problema.

Así es como llegamos a creer que unos centímetros más de barda, una cámara o un guardia de seguridad nos proveerán de la seguridad que, de cualquier manera, está ausente en el entorno.

Las dificultades para producir entornos menos vulnerables provocan en el individuo la búsqueda de un equilibrio interno, que le ayude -desde el punto de vista sicológico- a enfrentar su situación. Aunado a lo anterior, sabemos que, por lo regular, los individuos no se reconocen como actores en la transformación de su entorno y, en consecuencia, transfieren a agentes externos la responsabilidad sobre las soluciones y las consecuencias. Aún más, la exposición continuada al riesgo produce un proceso de transformación de las percepciones que fortalece la sensación de estabilidad a lo largo del tiempo. Las dificultades para reducir la vulnerabilidad, la tendencia a transferir las responsabilidades y la exposición continuada al riesgo pueden empujar al individuo a resignificar el riesgo, en términos de la peligrosidad de las fuentes de riesgo y/o de las consecuencias probables. La “evasión”, bajo estas circunstancias, funciona como un paliativo que permitiría al individuo modificar mentalmente las circunstancias de su entorno y liberarse de la responsabilidad sobre las soluciones.

Ni la relativización del riesgo ni la evasión desconectan tanto, al individuo, de las consecuencias y su probabilidad, como lo hace la negación, pues, este último mecanismo sicológico provoca la creencia de que las circunstancias nunca lograrán conectarse para hacerle llegar las consecuencias. De este modo la negación hace que, incluso, el individuo desconfíe, basado en sus creencias, de la información que le alerta de la proximidad un evento dañino.

La relativización, la evasión y la negación del riesgo son mecanismos que realimentan los desastres, pues sumen en condiciones de precariedad a los grupos sociales, limitando las aspiraciones de mejora e inhibiendo la búsqueda de soluciones. Dicha precariedad conduce a asumir el “estancamiento” como una situación natural e irreversible y produce una construcción social que se caracteriza por sentimientos de marginalidad, impotencia, dependencia e inferioridad.

Existe información empírica suficiente para asegurar que, en casos de desastre, la ayuda exterior siempre resultará insuficiente, mientras no se destierre del imaginario social la autopercepción de precariedad. Así, se torna indispensable que, incluso antes de recibir ayuda externa, se generen cambios en las formas de pensar y hablar sobre “sí mismos”, pues, la precariedad, muchas veces simbólica, se vuelve fuente de producción de una indeseable realidad.

El riesgo es una condición que existe en tanto las personas lo perciban y, en torno a ello, elaboren significados y desarrollen procesos, a fin de manejarlo. Por ello, celebro el despertar de los actuales movimientos estudiantiles, en México; en el fondo resuena la certidumbre que nos produce una frase simple: ¡Sí se puede!

 

F.Crisóstomo.

EL MONSTRUO

El robot va a perder. No por mucho. Pero cuando se anote el resultado final, la carne y la sangre derrotarán al monstruo maldito. Adam Smith.

Si usted no ha visto el video de los indignados españoles, lo invito a verlo; aparece abajo, aquí mismo; podrá usted ver a un hombre de edad avanzada temiendo perder su dignidad, a una mujer temiendo perder el empleo, a un hombre maduro temeroso de no poder pagar por su salud.

Yo lo he visto varias veces, y siempre me quedé con la sensación de que algo no andaba bien en el mensaje, no atinaba a definirlo, pero la sensación persistía.

Días atrás, a raíz de la manifestación de repudio contra Enrique Peña Nieto, en la Universidad Iberoamericana, pude delinear la causa del malestar que el video de los indignados me estaba produciendo: la indignación, representada como fruto de las carencias, no representa toda la indignación; los estudiantes de la Ibero nos han permitido palpar que la indignación surge, también, del acceso a la información, de la investigación, de la reflexión y de la conciencia.

Para quienes me favorecen con su atención en otros países hermanos, debo aclarar que la Universidad Iberoamericana ha sido estereotipada como propia de estudiantes de las clases económicamente altas.

Entonces, esos jóvenes, pretendidamente sin carencias, al menos económicas, nos han ayudado a descorrer el velo mítico de que la indignación es un asunto de clases, permitiéndonos apreciar su verdadero fondo: la irreversible toma de conciencia de que los soportes morales de la nación están dañados y de que, sin ellos, no hay rumbo que valga la pena.

Esa misma clase de conciencia emerge en otros muy diversos espacios universitarios; en días pasados se celebraron simulacros de elecciones en la UNAM, la UVM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién, con resultados totalmente diferentes de los obtenidos por las diversas empresas encuestadoras del país y difundidos por los medios masivos.

 

 

 

Mientras las encuestas muestran resultados con tendencias de centro-derecha, los simulacros de elecciones hacen evidente una tendencia de centro-izquierda; las diferencias, tal vez, puedan dejarse ver a través del siguiente texto:

“Los súbditos exaltan la tranquilidad pública; los ciudadanos, la libertad intelectual; el uno prefiere la seguridad de la posesión; el otro, la de las personas; éste dice que el mejor gobierno debe ser el más severo; aquél sostiene que el más suave; cuál quiere el castigo del crimen, cuál su prevención; (…) quién se contenta con que el dinero corra, quién exige que el pueblo tenga pan.”

El texto, escrito en 1761 por Jean Jacques Rousseau, ilustra la decadencia a la que nos han llevado nuestros gobiernos recientes: se han reducido nuestras libertades en nombre de la seguridad (arraigos, retenes); la incertidumbre sobre nuestra integridad personal ha crecido (Ejecuciones, secuestros, “daños colaterales”); la estrategia de aniquilamiento cuenta ya las 60,000 víctimas (todas inocentes, porque no se demostró lo contrario); las escuelas, que precariamente enseñan a leer, no atinan a formar ciudadanos; los indicadores macroeconómicos se mantienen saludables mientras la pobreza crece.

En síntesis, a cuenta de nuestros miedos, el poder gubernamental ha crecido hasta, como ha dicho Julián LeBarón, volverse criminal. Criminal también sería nuestra apatía, o complicidad.

De ningún modo estoy diciendo que la solución esté en votar por tal o cual candidato, esa también sería una simplificación criminal; la solución está en, como antes lo he dicho, construir el entramado institucional que evite que las fallas y las carencias técnicas y éticas de los gobernantes nos sigan causando daño; esencialmente, se trata de lograr que el ejercicio irresponsable del poder tenga consecuencias reales –que el gobernante tema fallar al gobernado–.

Si hoy tuviera que tomar las calles para manifestarme indignado, lejos de hacer reclamos viscerales de venganza (que siempre son mirada al pasado), yo llevaría cuatro pancartas, escritas con reflexión y visión de futuro:

  •  Que la procuración de justicia se independice del Poder Ejecutivo.
  •  Que la Auditoría Superior de la Federación tenga facultades coactivas.
  •  Que toda clase de fueros sean acotados o eliminados.
  •  Que los institutos ciudadanos (IFAI, IFE) sean fortalecidos, eliminando o reduciendo la influencia que los partidos políticos ejercen hoy sobre ellos.

En el 68, con apenas 11 años de edad, vi a los estudiantes subir a los camiones, repartir panfletos y pronunciar discursos para despertar la conciencia de los menos informados. A pesar de la represión de unos y de la indolencia de otros, nadie puede negar lo que lograron: llegamos al siglo XXI cargados de esperanzas libertarias. A doce años de distancia, el necrófilo aliento del pensamiento mecanicista ha provocado un retroceso, pero, nuevamente, los jóvenes universitarios nos están llamando a reaprender, a recuperar la pasión, a volver a ser carne y sangre, y, por la vía de la razón, a derrotar al robot.

 

F.Crisóstomo.

 

MORALIDAD EVOLUTIVA

Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el amor los errores de nuestra moral. José Ortega y Gasset.

Como preámbulo de esta entrega, donde le platicaré de moralidad y equidad, permítame compartirle algunos experimentos de laboratorio:

En el primero de los experimentos, dos chimpancés jóvenes, puestos detrás de las rejas de una celda, tienen frente a sí una pesada caja, encima de la cual hay alimento; así que, deben lograr acercar la caja, jalando ambos extremos de una cuerda, atada a la caja; la fuerza de uno solo no es suficiente para lograr el objetivo; entonces, cada uno de los chimpancés toma un extremo de la cuerda y tiran de manera sincronizada hasta que logran acercar la caja; entonces uno de ellos toma el alimento. El experimento se repite, el que había tomado el alimento podría ya no estar interesado en colaborar, no obstante se repite el esfuerzo coordinado para acercar esta segunda caja y logran nuevamente el propósito; ahora, el segundo chimpancé puede tomar el alimento. ¿Por qué colaboró, en el segundo evento, el chimpancé que ya había tomado alimento?, la respuesta podría ser: por reciprocidad; porque los primates y otros animales son capaces de devolver favores, porque ambos tienen una comprensión completa de que necesitan a su pareja, de que la colaboración es necesaria.

En un segundo experimento, un chimpancé es colocado frente a una pantalla, donde se despliega la animación de un chimpancé bostezando; momentos después, el chimpancé comienza a bostezar. Sabemos del contagio del bostezo entre nosotros, sabemos que está relacionado con la empatía, que se activan las mismas áreas en nuestros cerebros. Sabemos que quienes tienen problemas con la empatía no suelen contagiarse con el bostezo, como las personas con problemas de autismo. Sabemos que, cuando nos aproximamos a alguien que está triste, adoptamos una expresión y una postura tristes, y, en algunos casos, podemos llegar a sentirnos tristes. Incluso, compartimos con los animales algunas expresiones como las relacionadas con la consolación.

En un tercer experimento, hay dos chimpancés, uno al lado del otro, en celdas separadas, uno de ellos tiene un cubo lleno de fichas, de dos tipos diferentes; la selección de un tipo de ficha provoca que se entregue alimento solamente al chimpancé que elige la ficha, la selección del otro tipo de ficha provoca que se prodigue alimento a ambos. Al final, se comprueba que el chimpancé que elige las fichas prefiere elegir las del segundo tipo, es decir, aquel con el que se obtiene alimento para los dos. Podríamos deducir que existe una actitud compasiva, pues no hay ninguna otra motivación para elegir el segundo tipo de fichas.

En un cuarto experimento, una par de monos capuchinos son colocados en jaulas adyacentes. Previamente se les ha adiestrado para una tarea, donde logran intercambiar una piedra por un trozo de pepino. Una vez que lo han logrado 25 veces, comienza el experimento. Al mono de la izquierda se le entrega un trozo de pepino a cambio de su piedra y se come su pieza de pepino; al mono de la derecha, en cambio, se le entrega una uva. El de la izquierda, luego de que ve al otro recibiendo una uva, entrega una piedra y recibe nuevamente un trozo de pepino; en protesta lanza el trozo al entrenador; el de la derecha nuevamente entrega una piedra y recibe su uva correspondiente; el de la izquierda, claramente molesto, toma una piedra y golpea las paredes de la celda, para luego entregarla en intercambio, recibe nuevamente un trozo de pepino; en respuesta, evidentemente molesto, lanza nuevamente el trozo de pepino al entrenador. Mientras ambos recibieron trozos de pepino, no hubo manifestación alguna de molestia. No obstante, en cuanto se introduce la uva como factor de desigualdad, las protestas se hacen presentes. ¿Cómo podríamos denominar a esta reacción?; probablemente se trate de sentido de la equidad.

Lo que podemos observar en los cuatro experimentos que le he relatado es un conjunto de factores que pueden identificarse como componentes de la moralidad humana: la reciprocidad, la empatía, la compasión y el sentido de equidad. Si bien la moralidad humana es mucho más compleja que esos cuatro componentes, la ausencia o degradación de ellos desvanece la posibilidad de cualquier tipo de moralidad.

Desafortunadamente, la moralidad es muy frecuentemente asociada con asuntos divinos, es concebida, por decirlo de alguna manera, como una especie de don; da la impresión de que es otorgada, de que los buenos la poseen mientras los malos no. Esta perspectiva, probablemente, nos ha hecho olvidar que podría (o debería) ser construida, que puede emerger del esfuerzo que hagamos por insertar esos factores en los programas educativos, desde edades tempranas.

Para ello, debemos despojarnos de los tabúes y confusiones relacionados con la espiritualidad y la religión, y, probablemente, comenzar a ver estos factores morales como asuntos económicos, como asuntos de conveniencia, tal como, seguramente, lo ven nuestros ancestros evolutivos.

 

F.Crisóstomo.

 

Nota: Escribí esto después de ver el siguiente video en TED, se lo recomiendo:

http://www.ted.com/talks/frans_de_waal_do_animals_have_morals.html

 

 

VIOLENCIA ANÓMICA

Nos acostumbramos a la violencia, y esto no es bueno para nuestra sociedad. Una población insensible es una población peligrosa. Isaac Asimov.

En 2002 se inició La Campaña del Milenio de las Naciones Unidas; consiste en un plan, convenido por todas las naciones del mundo, para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio: 1) Erradicar la pobreza extrema y el hambre; 2) Lograr la enseñanza primaria universal; 3) Promover la igualdad de género y empoderar a las mujeres; 4) Reducir la mortalidad infantil; 5) Mejorar la salud materna; 6) Combatir el VIH / SIDA, el paludismo y otras enfermedades; 7) Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; 8) Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Al tiempo que la humanidad se empeña en alcanzar esta bella utopía, otros datos nos devuelven una realidad que se erige como obstáculo ineludible: La población mundial ha alcanzado los siete mil millones y se prevé que alcance los nueve mil millones en el año 2050; la tasa de natalidad actual opera en contra de los objetivos; el planeta está demasiado poblado para hacer realidad esa utopía.

Mucho más allá de las cifras –que se antojan inabarcables– permítame ilustrar este punto, recordando a Isaac Asimov y su metáfora del cuarto de baño:

Si dos personas viven en un apartamento y hay dos cuartos de baño, entonces ambos tienen la “libertad del cuarto de baño”. Pueden usarlo en el momento deseado y permanecer ahí el tiempo requerido, para cualquier uso que se necesite. Y todo el mundo cree en el “derecho al cuarto de baño”; debería estar plasmado en la Constitución. Pero, si hay veintidós personas en el apartamento y solamente dos cuartos de baño, no importa cuánto crea la gente en “la libertad y el derecho a cuarto de baño”, porque tales cosas no existen. Entonces hay que establecer turnos para que cada persona utilice el baño (…) De la misma manera, la democracia no sobrevive a la sobrepoblación. La dignidad humana no puede sobrevivir a ello. La comodidad y la decencia no pueden sobrevivir a ello. A medida que crece la población planetaria el valor de una vida no solamente declina, sino que al final desaparece. Ya no importa si alguien muere. Cuanta más gente hay, menos importa cada individuo.

No es, entonces, la simple depauperización material la que ha de preocuparnos, sino la consecuente depauperización moral, la devaluación de la libertad y del derecho, que conduce a la anomia, esa tensión dislocante entre los objetivos culturales y el acceso a los medios necesarios para alcanzarlos. La moral, codificada en normas sociales, deja de ser acción cuando incumple su función solidaria, provocando la hipocresía social y la ineficacia institucional, porque en el fondo es construcción autónoma, edificada sobre la aceptación individual y no por prescripción autoritaria.

Lo violento es, en este contexto, el ímpetu vital por alcanzar los fines sociales que no encuentra cauce o que carece de medios; así, la violencia es omnipresente, perene.

El desbordamiento de la violencia sobreviene al incumplimiento de la promesa social de bienestar común, dentro del marco normativo. El orden social, basado en la moral, ha de transformarse en orden legal, apoyado en una fuerza capaz de limitar el desbordamiento de los ímpetus. Pero, sin incentivos para el orden y sin acceso a los medios que faciliten el logro de los fines, la violencia se expande de manera descontrolada y virulenta. Así, la violencia no puede ser medida de otra forma que por el fracaso de la justicia, y la paz, en consecuencia, es construcción cultural; la violencia es naturaleza, la paz es frágil artificio.

La violencia anómica es resultado del debilitamiento de los sistemas de valores, frecuentemente originado en el seno de sociedades exhaustas por la tensión acumulada entre la concentración de recursos y la distribución de oportunidades, que da como resultado la creciente cancelación de expectativas para una amplia franja social.

Los síntomas son fácilmente reconocibles: los crímenes violentos se multiplican, la probabilidad de ser víctima aumenta, las frecuencias rebasan las capacidades de los aparatos de contención, la impunidad y corrupción sientan sus reales.

La insuficiencia de las soluciones técnicas se hace evidente, crece la cantidad de policías, aparece la demanda de protección privada, las bardas se elevan, las recomendaciones de modificar la conducta empujan hacia el aislamiento y la desconfianza.

En realidad, dada la naturaleza del problema, las soluciones técnicas nunca serán suficientes, siempre tenderán a una escalada, tal vez ni siquiera lo sean las soluciones políticas: se requieren soluciones éticas.

Se requiere, en primer lugar, del reconocimiento de nuestra vulnerabilidad individual, saber (estar ciertos) de que lo que les ocurre a los demás puede ocurrirnos a cada uno. Aquí es donde la vulnerabilidad deja de ser debilidad y se convierte en la fuente de nuestra creatividad y capacidad de impulsar cambios. Pero también se requiere de la vergüenza que, como dice Javier Sicilia, es “experiencia del alma (…) preludio del arrepentimiento y de la enmienda, (…) una especie de rabia que se vuelve contra uno mismo”, es ya, en sí misma, una revolución.

Ni siquiera podremos iniciar una conversación sobre nuestro actual estado de terror e indefensión, mucho menos plantear soluciones comunes, sin antes reconocer nuestra vulnerabilidad individual, sentir vergüenza por lo que hemos sido y culpa por lo que hemos dejado de hacer.

 

F.Crisóstomo.

 

Nota: en recuerdo del fallecimiento de Isaac Asimov (6 de abril de 1992).

LO QUE SE VE, ¿NO SE JUZGA?

Lo arbitrario no sólo es funesto cuando se utiliza para el crimen. Empleado contra el crimen, también es peligroso. Benjamin Constant de Rebecque (1767-1830) Escritor y político francés.

“a fin de evitar que se cometa una injusticia irreparable, por instrucciones del presidente Ernesto Zedillo, deseo reiterar mi solicitud (…) para que, en el ejercicio de sus atribuciones, promueva usted la suspensión de la ejecución de la sentencia de muerte de Irineo Tristán Montoya y se considere una conmutación de la misma”.

El texto anterior forma parte de una solicitud enviada al gobernador de Texas, por el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, José Angel Gurría, por el caso de Irineo Tristán Montoya, quién, a pesar de la intervención de las autoridades mexicanas, fue ejecutado el 18 de junio de 1996.

Irineo fue un mexicano ilegal, que no sabía hablar ni leer inglés, no obstante, firmó una confesión escrita en inglés, presuntamente redactada por los oficiales de policía, quienes lo engañaron para firmarla, al decirle que se trataba de una solicitud de extradición.

José Angel Gurría, también escribió al gobernador de Texas lo siguiente: “El solo hecho de que no se apliquen las estipulaciones de la Convención (Internacional de Viena sobre Relaciones Consulares), en opinión del gobierno de México, significa una violación al debido proceso legal, garantía que se consagra en la Constitución de Estados Unidos”.

Dadas las irregularidades en el proceso, el Departamento de Estado de Estados Unidos, también, solicitó al gobernador de Texas la realización de una investigación respecto a la posible violación, por parte de la policía de Brownsville, de las obligaciones establecidas en la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares. El gobernador de Texas desestimó, también, la solicitud del gobierno federal de su país.

Hasta el día de su ejecución, el mexicano Irineo Tristán Montoya, nunca dejó de alegar su inocencia.

Adivine usted el nombre del, entonces, gobernador de Texas…

… sí, en efecto, se trató de George W. Bush.

Ahora le pido que imagine algo que no ocurrió, y que sopese la consecuencias de que hubiera ocurrido; imagine que la televisión estadounidense hubiese cedido a las pretensiones de protagonismo de la policía de Brownsville, o viceversa, para exhibir a Irineo, en cadena nacional, en un montaje que hubiese simulado su detención infraganti, tal vez con un puñal en la mano, en la escena del crimen y (para agregar dramatismo) con algunas salpicaduras de cátsup. Si esto hubiese ocurrido, prácticamente nadie habría puesto en duda la culpabilidad de Irineo.

¿Irineo fue inocente o culpable?, ¿fue víctima o victimario?; nunca lo sabremos, porque los vicios en el proceso nos impedirán saberlo. Lo único claro es que fue ejecutado con una inyección letal, a consecuencia de la obcecada decisión de un necio con poder, dispuesto a hacer prevalecer su razón por encima del Derecho, el mismo que, luego, condujo a su país a la más injusta y onerosa guerra de los últimos tiempos: la invasión de Irak.

Permítame contarle un pequeño experimento, de ningún modo significativo, pero que, por lo menos, a mí me ilumina un poco:

Tomé una de las múltiples fotografías que abundan en Internet, donde la policía presenta a presuntos delincuentes; como siempre, en esas fotografías aparecen armas, vehículos, policías armados y cubiertos del rostro, y algunos civiles, presuntos culpables de algún delito; difuminé el rostro de los civiles; enseguida, enmarqué en círculos rojos una de las armas, el rostro embozado de uno de los policías y el rostro, previamente difuminado, de uno de los civiles. Mostrando la foto arreglada, hice la misma pregunta a veinte personas: ¿Qué hay dentro de cada círculo?, enfatizando el “Qué”. Todos identificaron el arma y el policía, sin equivocación alguna; no obstante, en el caso del círculo que enmarcaba el rostro difuminado del civil, doce dijeron que era un delincuente, cuatro dijeron que era un criminal, dos dijeron que se trataba de un “narco” y dos dijeron que era un detenido.

Repito, mi experimento no es concluyente de nada, no obstante, podría amplificarse y mejorarse para entender el nivel de influencia que los medios gráficos pueden ejercer sobre la legalidad de los procesos judiciales, tal vez tendría que ser un tema analizable desde la perspectiva de los derechos humanos de cuarta generación, es decir, de la forma en que las tecnologías de comunicación pueden usarse para vulnerar la dignidad de las personas.

Después de leer sesudas disertaciones en uno y otro sentido, incluso un interesante resumen del caso, en la revista NEXOS, “Florence Cassez: La verdad secuestrada”, escrito por Héctor de Mauleón, no puedo manifestar mi opinión respecto de la culpabilidad o inocencia de Florence Cassez, porque las irregularidades en el proceso me impiden distinguir entre la verdad y la mentira.

La única verdad corroborable es la que se refiere al pernicioso contubernio entre las autoridades policiacas y las cadenas televisivas. Si Florence es liberada o si no, las víctimas, de cualquier modo, deberían reclamar castigo para los responsables de las irregularidades que nos impiden conocer la verdad.

 

F.Crisóstomo.

 

Nota:

Para leer lo escrito por Héctor de Mauleón, en NEXOS, vaya al siguiente enlace:

http://www.nexos.com.mx/?Article=2099371&P=leerarticulo

ÉTICA EN CRISIS

De cualquier modo, ninguna droga, ni siquiera el alcohol, es causa de los males fundamentales de la sociedad. Si buscamos la fuente de nuestros problemas, no hay que examinar a la gente por las drogas, hay que probar su estupidez, ignorancia, codicia y su apego al poder. PJ O’Rourke.

Durante la Reunión de Ministros de Finanzas y Gobernadores de Bancos Centrales del G-20, Guillermo Ortiz Martínez, ex gobernador del Banco de México y también presidente del consejo de administración de Grupo Financiero Banorte, reconoció que el mundo vive una crisis tamaño “mamut”. También apuntó que “vivimos en un mundo interconectado y en la medida que haya  dislocaciones adicionales vamos a sufrir”. Al respecto, Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, dijo que, más que una cuestión de dinero, se trata de generar confianza.

Pero, ¿cómo generar confianza en un mundo plagado de escándalos de corrupción?, donde los medios dan cuenta de las carencias éticas de aquellos que deberían ser fuente de confianza, por ejemplo:

  • El presidente del Banco Central Suizo, Philipp Hildebrand, anunció este lunes su dimisión “con efecto inmediato”, tras verse envuelto en un escándalo por una polémica operación en el mercado de divisas, que minó su reputación. El Economista.mx, 9 Enero, 2012.
  • Investigaciones judiciales por cohecho y tráfico de influencias, amenazas a la prensa y errores políticos han forzado la caída del presidente alemán (Christian Wulff). El País, 17-feb-2012.
  • Jon Corzine, el desacreditado ex presidente ejecutivo de la firma de corretaje MF Global, se presentó ante el Congreso estadounidense el 8 de diciembre para explicar lo que pasó con aproximadamente 1,200 millones de dólares faltantes en los libros contables de la compañía. CNN Expansión, 15 diciembre de 2011.

En su obra “LA TEORÍA DE LOS SENTIMIENTOS MORALES”, Adam Smith escribe lo siguiente, “La índole de los hombres, así como los artefactos o las instituciones del gobierno civil, pueden servir o para fomentar o para perturbar la felicidad, tanto del individuo como de la sociedad”; también pregunta, “¿Acaso puede existir otra institución de gobierno más adecuada para fomentar la felicidad humana que la preponderancia de la sabiduría y de la virtud?” y concluye diciendo, “Todo gobierno no es sino un remedio imperfecto a la falta de éstas (…) La única causa de los efectos fatales que acarrea un mal gobierno, es que no imparte suficiente protección contra los daños a que da lugar la maldad de los hombres”.

Escrito en 1759, el texto de Adam Smith parece, a luz de nuestra actual crisis financiera global, haber ganado vigencia: reconoce que la primera tendencia del ser humano es el amor a sí mismo, no obstante, por ello se ve obligado a controlar y dominar su egoísmo, pues, de otra forma, la vida en comunidad sería, simplemente, imposible, la civilización no podría existir.

Ese dominio de sí mismo, que permite al individuo abstenerse del placer inmediato o soportar el dolor presente, a fin de obtener un mayor placer o evitar un dolor más grande en lo futuro, se manifiesta también en la capacidad de generar empatía, la que, dice A.Smith, lleva al sujeto a ponerse en el lugar del otro, aún cuando, aparentemente, no se obtenga beneficio de ello, esto como resultado de la necesidad humana de ser aprobado por los demás.

Aquí nos hemos preguntado repetidamente por las razones de la desconfianza, las que dan origen a nuestra permanente sensación de incertidumbre e inseguridad; hemos traído respuestas de lo más variado, desde los estudios que indican que la carencia de afecto físico durante la infancia, así como la represión sexual durante la juventud pueden incidir negativamente en el desarrollo de la empatía e incrementar los niveles de violencia interpersonal, pasando por aquellos que señalan a la oxitocina como factor del desarrollo de relaciones de confianza y empatía, así también los experimentos con infantes que muestran que la incapacidad para aguardar una recompensa retardada puede ser un factor de fracaso social de las personas.

En esa búsqueda de respuestas, encontramos los resultados de siete recientes estudios, publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, que revelan que los individuos de clase alta se comportan con mayor carencia de ética que los individuos de clase baja.

El primer y segundo experimentos revelan que los individuos de clase alta son más propensos a violar la ley al conducir su automóvil, en comparación con individuos de clase baja. En el tercer estudio, de seguimiento en laboratorio, los individuos de clase alta exhibieron mayor tendencia a comportamientos carentes de ética, al tomar decisiones. En el cuarto estudio, los resultados indican que, tomar bienes que son valiosos para otros, es más probable para los individuos de clase alta. En el quinto estudio, los individuos de clase alta se revelan como más propensos a mentir en una negociación. La probabilidad de hacer trampa, para aumentar sus posibilidades de ganar un premio, es más alta en los individuos de clase alta, es la conclusión del sexto estudio. El séptimo y último estudio reveló que los individuos de clase alta tienden a aprobar, más que los de clase baja, las conductas carentes de ética en el trabajo.

Paul Piff, estudiante de doctorado en psicología en la Universidad de Berkeley y autor principal del artículo que revela esos resultados, argumenta que “Ocupar una posición privilegiada en la sociedad tiene un efecto psicológico de aislamiento. Se tienen menos probabilidades de percibir el impacto que el comportamiento propio tiene sobre los demás. Como resultado, al menos en este trabajo, es más probable que se rompan las reglas“. Piff afirmó que “El aumento de las tendencias contrarias a la ética, en las personas de clase alta, se debe, en parte, a que sus actitudes son más favorables hacia la codicia”. No obstante Piff acotó declarando que “No estamos diciendo que si eres rico, eres necesariamente poco ético, y que si eres pobre, eres necesariamente ético”.

Los estudios incluyeron a más de 1,000 personas clasificadas utilizando la Escala MacArthur de situación socioeconómica subjetiva.

En los primeros dos estudios se encontró que los conductores de clase alta fueron cuatro veces más propensos a interrumpir el tráfico en una concurrida intersección de cuatro vías y tres veces más propensos a interrumpir el tránsito de personas en los cruces peatonales.

Otro estudio consistió en que los participantes fueron invitados a tomar un caramelo de un frasco, advirtiéndoles que se trataba de caramelos reservados para los niños; los participantes de clase alta tomaron el doble de caramelos de lo que lo hicieron los de otras clases.

En otro de los estudios, los participantes fungieron como empresarios negociando el salario, con candidatos a un puesto de trabajo temporal; les fueron presentados candidatos que manifestaban buscar empleo de largo plazo; previamente se indicó, a los participantes, que era su decisión transmitir, o no, la información respecto de la temporalidad del puesto. Los participantes de clase alta fueron más propensos a engañar a los candidatos al puesto.

Un juego de dados por computadora, fue la base de otro de los estudios; el jugador con la puntuación más alta recibiría un premio en efectivo; cada jugador haría cinco lanzamientos, para, posteriormente, informar de sus resultados; los jugadores no sabían que el juego estaba arreglado para evitar que la puntuación excediera los 12 puntos. Los participantes de clase alta fueron más propensos a reportar puntuaciones más altas que las posibles.

El estudio parece revelar que la cultura del rendimiento, a la que son frecuentemente sometidas las personas de clase alta, impulsa a valorar más positivamente la avaricia y a despreciar la necesidad de apoyo en tiempos de incertidumbre, borrando la conexión con familiares, amigos y, por tanto, con la sociedad.

Tal vez una frase de Paul Piff pueda ayudarnos a resumir: “Cuando se persigue el interés propio, está permitido correr desenfrenadamente, ello puede conducir a resultados socialmente perniciosos”.

No obstante, coincido con Adam Smith, cuando afirma que “la naturaleza humana estaría diseñada para avanzar fines o causas finales que no necesariamente son conocidos por los sujetos, que se guían por las causas eficientes”.

En el pasado, con mucho menos de lo que hoy tenemos, aprendimos a cazar mamuts, confiando unos en los otros; podemos hacerlo de nuevo. Solamente necesitamos desterrar el egoísmo y la avaricia.

 

F.Crisóstomo.